Maeva aparece de golpe en la mansión del señor Benoit. Su respiración es agitada, y su cuerpo tiembla aún por el impacto del resplandor que la ha envuelto por segunda vez. Parpadea varias veces, tratando de ajustar su vista a la tenue iluminación del estudio. Nada había cambiado. Era como si el tiempo no hubiera avanzado. Su corazón late con fuerza al reconocer cada objeto del despacho. Sobre el escritorio de roble oscuro, la nota que ella misma había escrito antes de desaparecer seguía allí, intacta. Sus dedos temblaron al tocarla. La caligrafía, su caligrafía, le confirmaba que todo lo que había vivido en Norgaris no era un simple sueño o una alucinación, ella había ido y regresado de otra dimensión, mundo o como sea que le llamaran a donde sea que se teletransportó. Un ruido la hizo

