Capítulo 4 Quiero ver a Macy relajada. Quiero que incline esa cabeza color fresa hacia el sol, que ponga sus pies descalzos sobre mi tablero y que la brisa de la ventanilla abierta le haga olvidar todas sus preocupaciones. Ahora mismo, está sentada en el asiento del copiloto de mi automóvil con las manos juntas en el regazo, mordisqueándose el labio inferior. No puedo ni imaginar las cosas que le pasan por la cabeza. —No me has preguntado a dónde vamos —le digo en el pesado silencio. No me mira en ningún momento, sino que mantiene la mirada al frente. —Supongo que me siento aventurera. —Mejor que apática, supongo. Mantengo un tono demasiado burlón. Eso consigue una pequeña sonrisa, e inclina la cara hacia mí. Me giro para mirarla solo un momento… ojos azules brillantes, piel recién

