Narrador Omnisciente En una Bucaramanga de los años 80, cuando no había tantos edificios, ni tanta industria ni tanto tráfico que hiciera que la ciudad fuera calurosa, el fiscal del distrito, Carlos Orejuela, estaba en su oficina del edificio de la fiscalía. Carlos nunca se imaginó que lograría ser fiscal del distrito, mucho menos con tan solo 30 años de edad, y sin tener que sobar la chaqueta de algún político. Nació y creció en el pueblo de Cepitá, en el departamento de Santander. Un pueblo que quedaba a dos horas de Bucaramanga, cuando en ese entonces la carretera ni siquiera estaba pavimentada. Un pueblo que era ignorado por muchos, porque quedaba justo en medio del Cañón del Chicamocha. Carlos había crecido pensando que su único destino sería quedarse en medio de ese gran y

