10
Debía mantener mi promesa, dejar de llorar y ser fuerte para poder soportar y no darle a Cóndor lo que quería: mi sufrimiento.
Sequé mis lágrimas y me enfoqué en mi alrededor, estaba en otra habitación, definitivamente no era la misma donde había estado encerrada por días. Esta era otra, más arreglada con aspecto de ser más moderna, el techo no daba la impresión de caerse, pero seguía estando tan vacía como la anterior. Incluso había un gran espejo ubicado en la pared que tenía enfrente, podía observarme completamente.
Me sobresalté un poco al mirarme: mi cabello estaba alborotado en todas direcciones, parecía un sol dibujado por una niña de cuatro años, estaba enredado y muy grasoso. Mi rostro estaba brilloso, también por el sudor y las lágrimas que había estado soltando en los últimos minutos y mi ropa estaba jalonada y sucia. Eso sin contar la sangre regada por toda mi ropa, la venda en mi pierna y brazo, los cortes y moretones a lo largo de mi piel.
—¿Y así me vio Aza? — me quejé en un susurro.
Quise golpearme a mí misma, en esos momentos, eso debería ser lo último en importar. Tenía que enfocarme.
—¿Estás bien, Isobell? — una voz inundó mis oídos, miré en todas direcciones sin encontrar nada.
Parecía la voz de Sasha.
—¿Dónde...?
Antes que pudiese formular la pregunta, el espejo frente a mí dejó de serlo, al menos pude visualizar una persona parada detrás de él.
—Acá estoy — definitivamente era Sasha de pie en el otro lado del cristal.
Me levanté con mucho cuidado dispuesta a caminar.
—¿De verdad vas a preguntar si estoy bien? — me quejé frustrada — ¿por qué no mejor haces algo y me sacas de este lugar?
Él hizo una mueca de comprensión y asintió con la cabeza. Me recordaba a mi abuelo.
—Comprendo que estés enojada...
—Enojada no es nada comparado a cómo me siento en realidad — golpeé el vidrio —, ¿por qué no buscas la forma de sacarme de aquí? ¡simplemente eres como ellos! ¡eres como Cóndor!
Casi pierdo el equilibrio, eso de tener una pierna vendada a causa de un disparo no era sencillo.
—Isobell, estoy tan preso acá como tú.
—Tu aspecto no da esa impresión — espeté señalándole —, parece que estuvieses en casa.
Él no estaba para nada andrajoso como yo, poseía un traje gris y su barba bien afeitada, no veía ni un solo moretón en su rostro.
—Quizás no lo comprendas, pero soy solo un rehén cómo tú — bajó su cabeza —, quiero ayudarte, hago lo posible por ayudarte.
—Oh, ¿en serio? — estaba comenzando a sentir la ira — ¿qué hiciste cuando me golpearon hasta vomitar? ¿dónde estabas cuando me dejaron encerrada por tres días sin comida? ¿y anoche? ¿qué pasó anoche cuando me hicieron parecer títere de una pésima obra de teatro y luego volvieron a golpearme? ¿O cuándo fui el instrumento de Cóndor para herir a mi novio?
El rostro de Sasha palideció, colocó su mano sobre el cristal y habló:
—Hago otras cosas por ti.
—¿Sí? ¿Cómo qué?
—Cuidar tu mente.
Reí sin ganas.
—¿Estar sola durante días es una nueva terapia de relajación?
—Isobell, también me obligan a estar aquí, recuérdalo — dijo un poco más serio —, justo ahora necesito saber si recordaste algo, cualquier cosa, porque creo que lo has hecho, solo tienes que confirmarlo.
Me crucé de brazos, ellos querían torturarme, Cóndor quería torturarme y Sasha era de su equipo, ¿cómo podía permitírselos?
—¿Por qué debería hacerlo? — espeté.
Él me miró fijamente a los ojos con su rostro lleno de preocupación.
—Porque si no recuerdas, van a obligarme a practicarte un Electroshock.
Mi corazón latió a mil por hora recordando todas esas películas viejas donde practicaban esa técnica. Incluso había muchas teorías acerca del daño que puede causarse en la mente de una persona.
—¿Qué? — salió de mis labios — ¿Por qué un ElectroShock? ¿Eso cómo podría traer recuerdos a mi memoria?
Sasha negó varias veces, su rostro estaba contraído.
—Porque no es para hacerte recordar.
Hubo un momento de silencio. Mi corazón quería salirse de mi pecho y estaba mareándome más de lo que podía ser posible.
—Porque si no recuerdas, Cóndor quiere hacerte olvidar incluso quién eres.
Un escalofrío recorrió mi espalda, mi corazón saltó y mis piernas flaquearon. Me había asustado. No esperaba aquello.
—No… no pueden hacer eso — tartamudeé —. Tú no puedes dejar que eso pase.
Sasha asintió.
—Lo sé, no voy a dejar que suceda — respondió tan preocupado como yo —. Por eso necesitas hablar, tienes que darle algo si lo que quieres es resistir, Isobell.
La debilidad pudo conmigo, no conseguí mantenerme de pie por más tiempo por lo que me dejé caer en el suelo.
Todo mi cuerpo dolía, desde mi cuero cabelludo hasta mis pies por todos los golpes recibidos, tenía moretones, rasguños, un disparo en mi pierna derecha y otro en mi brazo izquierdo… Cóndor no tenía límites, no conocía de ellos, solo le importaba su venganza.
Escuché una puerta abrirse, al mirar frente a mi puede ver que el vidrio se había abierto y Sasha se acercaba a mí.
—Ya es momento de comer algo.
Extendió una bandeja hacia mí.
—No quiero nada — mi orgullo actuó.
—Necesitas recuperar fuerzas, tienes que comer ya.
—No tenían que tenerme en ayuno por tres días para empezar.
—Come, por favor —insistió —. ¿Cómo planeas soportar para Azarías entonces?
Touché. Él sin duda había escuchado lo que había dicho.
Mi estómago ganó la batalla por lo que dejé de lado el orgullo y tomé la bandeja que me ofrecía Sasha.
Se trataba de un plato de sopa y un trozo de pan. Debía parecer desesperada, pero eso ya no importaba a estas alturas, cuando me habían humillado mucho peor. Me di cuenta al tomar el primer sorbo de sopa, que tenía un frío que helaba mis huesos.
Tomé un poco de agua y volví a morder el pan.
—¿Y aun así te negabas a comer? — bromeó Sasha.
Yo le miré y negué con la cabeza varias veces.
—Puedes ser muy persistente — dije con comida en mi boca.
De alguna manera, sentía que podía confiar en él, quizás por su aspecto o por la actitud preocupada que parecía tener hacia mí.
—Ahora que tienes fuerzas, al menos un poco más — continuó él —, ¿podrías contarme qué es lo que has recordado ahora?
Consumí el último bocado de pan, tomé lo último del tazón de sopa, tomé agua y sacudí mis manos, sintiendo un retorcijón en el estómago y mi pecho contraerse. La verdad es que quería comer aún más.
—Fue algo que simplemente confirmó que no debo culpar a Azarías de todo lo que está sucediendo — dije abrazándome a mí misma, estaba helada.
—¿No crees que Azarías es el causante de que estés aquí encerrada?
Lo miré completamente estupefacta, era algo completamente fuera de lugar.
—El único culpable es Cóndor, él es el criminal que persigue a la familia de Azarías — respondí a la defensiva —, ¿tú crees que debo culparlo?
Sasha ladeó la cabeza e intentó colocarse erguido. Seguro a él le incomodaba más que a mí estar sentado en el suelo.
—No puedes negar que es a él a quien Cóndor quiere y buscará dañarlo con las cosas que más le importan — habló con paciencia —, si él no hubiese regresado a ti, no estarías aquí.
Una llamarada se encendió en mi pecho.
—Primero, él intentó alejarme, pero al enterarme de la verdad, yo decidí quedarme a su lado. Es mi elección la que me tiene aquí, eso es lo que he recordado. Segundo, ¿podrías explicarme eso? ¿Cómo es que él y yo terminamos separados? Digo, yo terminé en Irlanda y él… ni siquiera sé.
Sasha suspiró.
—Debes recordarlo, no puedo decírtelo — dio una sonrisa apenada.
—Pero sí quieres que te diga qué fue lo que recordé, ¿no es así? — entrecerré mis ojos de forma acusatoria — Quieres que confíe en ti y no me explicas cómo es que he terminado acá.
—A ver, Isobell, debes entender, vamos al ritmo de tu mente, a las cosas que recuerdes — explicó —, estoy seguro que ahora que has empezado a recordar, todo lo demás vendrá a tu cabeza con más facilidad, además de que ahora estás consciente de lo que habías olvidado.
Hice silencio mientras llevaba las manos hasta mi cabeza, había comenzado a doler. Mi garganta ardía, quería llorar, me sentía saturada, no entendía nada con exactitud.
—Recordé que él intentó dejarme, pero luego su hermana llegó a mi casa y me explicó que él solo intentaba ponerme a salvo, porque un psicópata los atormentaba desde hacía años.
Ya estaba llorando, me dolía todo, tanto física como emocionalmente.
—Pero yo lo quería, recuerdo que lo quería — continué —, fui hasta su casa y le dije que no me alejaría de él, que estábamos juntos en esto porque yo lo quería.
—Al menos ha sido bueno, ¿no crees? — habló con esa voz tan paciente que comenzaba a estresarme.
—¿Cómo puede ser bueno? ¿Cómo puede ser bueno que yo sepa que lo quería, que incluso ahora pueda sentirlo que lo quiero con tanta fuerza, pero no recuerde qué me hacía quererle?
No iba a llorar más, así que tragué el nudo en mi garganta.
—No recuerdo los momentos que pudimos compartir, ni siquiera sé cómo nos conocimos, pero estoy terriblemente segura de que todo soportaría por él.
Miré hacia el techo blanco, froté con cuidado mi brazo izquierdo intentando entrar en calor, el lugar estaba helado.
—¿Cómo puedo sentir así? ¿Es eso ser inmadura? ¿Estar pensando en amor cuando también tengo a mis padres sufriendo por mí?
Me miraba tranquilo, con compasión.
—Es tu subconsciente — indicó —, lo sabes dentro de ti y eso es admirable.
—¿Admirable?
—Por lo fuerte que puede llegar a ser el amor — respondió mirándome con seriedad.
—Lo sé… yo quiero regresar a como todo era antes, el caso es que ya no estoy segura de cómo era eso precisamente. Quiero salir de aquí, quiero ir a casa, quiero recordar todo.
Él me miró con atención durante unos segundos y luego habló:
—Hace un año que vives en Inglaterra, se suponía que le habías dejado de importar a Azarías, al menos eso había dado a entender, salía con tres chicas a la vez —los celos hicieron su labor—, realmente logró convencer a Cóndor de que eras algo pasajero, es más, ni siquiera sabía dónde estabas.
Los sentimientos se removieron dentro de mí, los pensamientos comenzaron a martillar en mi mente, pero no quería interrumpir. Tenía miedo que, si lo hacía, Sasha no me diría lo que estaba dispuesto a decir.
—Pero entonces, un día una de esas chicas cometió un error, fue un desliz y entonces, Cóndor lo notó todo.
—¿Qué es todo?
Él se encogió de hombros.
—Él iba hasta dos y tres veces a la semana a verte a la distancia, al parecer, no podía soportar estar lejos de ti — explicó con una sonrisa en el rostro —, no le importó arriesgarse con tal de verte así fuese a veinte metros de distancia. Cóndor tenía a su gente vigilando, así que, por el error de esa chica, descubrieron que Azarías solo se reunía con ellas para despistar a Cóndor, él realmente las usaba para que creyera que estaba con ellas cuando iba a verte a ti. Eso fue lo que le hizo a Cóndor saber que eras tú su talón de Aquiles.
El sentimiento que experimenté era agridulce. Me emocionaba saber que él no podía estar lejos de mí, pero me enojaba que no se acercase y me contase todo. Lo había hecho de nuevo, me había arrebatado la oportunidad de escoger, de tomar mi propia decisión.
Aunque quizás, ya él me conocía, ya él sabía lo que yo elegiría.
Pero mi ignorancia de la verdad nos había puesto en esta situación, si hubiese sabido, si hubiésemos estado juntos, pudimos prepararnos mejor. Parecía que nunca hubiese escuchado el dicho de que quien no conoce la historia, corre el riesgo de repetirla.
—Eres su debilidad, Isobell.
Y entonces imágenes aparecieron en mi cabeza:
Un pasillo, era angosto, el suelo era gris. Estaba en el gimnasio. Una fuerza me jaló hacia un lado y pronto me encontré en la sala de aeróbicos.
Sus manos estaban en mi cintura y sus labios chocaron contra mi mejilla. Yo sabía que era él.
Su calor inmediatamente transmitió vida a cada parte mí, mi cabeza estaba volando para el momento en el que continuó besando mi mandíbula.
—No sé cómo lo logras sin siquiera intentarlo — dijo apartando mechones de cabello caídos por mi rostro.
—¿Qué cosa? — pregunté coqueta mientras recorría sus brazos con mis manos.
—Hacerme sentir tanto y convertirte en mi debilidad.
Las imágenes se esfumaron, no había más, quise aferrarme a ellas, pero no había más, solo quedaba ese recuerdo y todas las emociones y pensamientos que cruzaron por mi mente en aquel entonces.
Yo siempre había estado loca por él y llegué a tenerlo.
Un fuerte estruendo se precipitó en la habitación, se trataba de una puerta al final del salón donde había estado Sasha
En cuanto vi el traje blanco y la piel morena, toda la ira creció dentro de mí.
—¡Eres un desgraciado...!
—¡Levántate, gusano! — exigió sujetando mi brazo con demasiada fuerza y halándome hacia arriba.
Ese hombre era más fuerte de lo que el traje revelaba.
Quise soltarme, estuve a punto de seguir gritando en su contra, pero pronto se encontró jalándome a través del pasillo, no era eso lo que me había callado, sino el terrible dolor que se precipitaba a través de todo mi cuerpo.
Mi cabeza estaba pesada, no tenía fuerzas y pronto cada paso que intentaba dar requería todo mi esfuerzo.
—¿Qué sucede? — preguntó Sasha — ¿qué está pasando? ¿por qué nos sacas así?
—Debemos irnos, ahora — afirmó obligándome a subir escaleras.
Mi vista ya se estaba nublando de nuevo y el oxígeno no conseguía su camino a mis pulmones.
—¿Por qué? ¿Qué ha pasado? — insistió Sasha en algún lugar.
Cóndor se detuvo un instante, casi pude recobrar el aliento, pero entonces él tomó mis hombros.
—¡Camina de una buena vez, maldita sea! — me sacudió con fuerza.
—No puede, está demasiado débil.
Cóndor me miró unos instantes y podía ver el odio y el enojo correr por su rostro.
—¡Voy a hacerte sufrir hasta que seas solo un cascarón sin vida!
Y un ardor se precipitó en mi mejilla, mi cuerpo impactó el suelo, él me había propinado una bofetada.
—¡Lenny, cárgala, ahora!
—¿Qué te tiene han alterado? — insistió Sasha.
Unos brazos pasaron por mi espalda y piernas, intenté alejarme, pero fue inútil, mi cuerpo no respondía.
—¡Nos han encontrado! — exclamó Cóndor — ¡Estamos rodeados!