Capítulo 5

1688 Palabras
Hola gente, hoy les dejaré un capítulo corto, con tanta cosa que está pasando en mi país no me da la cabeza para algo más extenso, de igual modo espero disfruten el capítulo. Un gran beso y abrazo a la distancia. ?? Capítulo 5. Manuel rebuscaba en la alacena por algo de comer, su estómago exigía bocado con urgencia. Suspiró hastiado al encontrar a medio llenar un paquete de fideos, ya ni siquiera quedaba té o azúcar. Resignado bebió un gran vaso de agua, no había tiempo para cocinar, necesitaba cambiarse de ropa e ir al encuentro con Martín. Miró la hora, el reloj marcaba las 16:30, debía darse prisa si no quería llegar tarde. Se quitó el uniforme escolar a velocidad luz dejando este tirado sobre su cama, se colocó un jeans y un polerón bastante holgados, prefería mil veces los pantalones más ajustados, pero sus piernas ardían bastante con el roce. No tardó más de cinco minutos en estar listo, guardó su teléfono celular en el bolsillo y salió de casa con prisa. De pronto calló en cuenta que no contaba con dinero para pagar el pasaje del micro, además el parque estaba considerablemente lejos de su casa, lo que eliminaba la opción de ir caminando. Tan solo necesitaba trescientos pesos para pagar el pasaje de ida y regreso, después de todo tenía su pase y pagaba escolar. Miró hacia la casa de Miguel, ya no era una opción pedirle a él, no quería ocasionarle problemas con su familia. Recordó a Pedro, de seguro el mexicano estaría en el muro con sus amigos, él era la única alternativa que le quedaba. Caminó con prisa hacia el muro, a la distancia distinguió a un grupo de muchachos, por lo que sonrió. Al llegar pudo ver qué estaban tomando cerveza y fumando marihuana mientras alardeaban de sus hazañas delictivas. Mordió su labio inferior nervioso mientras que con la mirada buscaba a Pedro. - ¡Hey Manuelito! ¿Cómo estás carnal? - Pedro al ver al chico le pasa su cigarro de marihuana a uno de sus compañeros. Se acercó a él, una amplia sonrisa adornaba su rostro, sus ojos se veían achinados y algo rojos. - Hola Pedro. - Sus manos comenzaban a sudar, era la primera vez que le pediría dinero, sabía que era muy poco, aun así le avergonzaba. - Estoy vivo, creo que eso es más que suficiente. - Desvía la mirada. - ¿Qué te pasó en la cara? - Toma al chiquillo del mentón ladeándole un poco el rostro para examinar con la mirada su mejilla. - Ya sabes, lo de siempre. Mi padre se enojó y terminó sacándome la cresta. - Confesó aquello con naturalidad, para nadie en el vecindario era novedad la situación del chico. - ¡Pero este cabron ya se pasa! - Su Tono de voz denotaba furia, no comprendía a los vecinos ni mucho menos su egoísmo, para todos era más fácil ignorar el asunto a intentar ayudar al chico. - Tranquilo Pedro, ya estoy mejor. - Clava su mirada en el piso. - Oye... ¿Tú puedes prestarme trescientos pesos pa la micro? - Claro que sí carnalito. - De su bolsillo saca una considerable cantidad de billetes, toma uno de cinco mil pesos entregándoselo al chico. - Toma Manuelito, cómprate algo para que comas, y ya sabes, lo que necesites me lo pides. - ¡Weón, muchas gracias! - Guarda el dinero para luego palmear la espalda del mayor. - Ahora me voy por qué estoy súper apurado. - Habla con prisa para luego marcharse. Pedro se quedó observándolo, lo hizo hasta que la silueta de Manuel se perdió en la lejanía. La situación del chico le afectaba, se sentía tan identificado con su situación, tanto que dolía. Había algo en ese muchacho que le gustaba, algo que lo diferenciaba de sí mismo, ya se presentaría la oportunidad de conversar tranquilamente con Manuel, mientras decidió volver a lo suyo. Al parecer era su día de suerte, ya que, al llegar al paradero se encontró con don Luis, un vecino suyo, el hombre de manera amable se ofreció a pagarle el pasaje, a lo que sin dudarlo aceptó. Manuel agradeció cortésmente para luego avanzar hasta el final del pasillo sentándose en los últimos asientos. Recargó su mejilla contra la ventanilla mientras su mente divagaba en Martín, tantas hipótesis formulaba su mente que llegaba a sentir miedo. Quería ser optimista, e imaginar que está invitación era una cita. Un suspiro escapó de sus labios al cerrar los ojos e imaginar el rostro de Martín. Cómo amaba ese cabello rubio algo despeinado, su piel tan blanca y esos gatunos ojos verdes, sus labios finos y algo pálidos, y esa quijada cuadrada que le daba un toque tan masculino a su rostro. Volvió a suspirar al recordar sus manos, esas manos grandes de largos dedos, soñaba con poder sostenerlas, acariciarlas... El trayecto hasta el parque transcurrió entre suspiros y divagaciones fantasiosas de su mente. Al bajar del micro se encaminó al lugar acordado, entre más se acercaba sus nervios aumentaban, podía sentir sus piernas temblar y las palmas de sus manos húmedas. De pronto recordó a Miguel, un mal estar lo invadió por lo que detuvo su andar, la culpa era más fuerte que todo, sentía que le estaba fallando. Pensaba devolverse, olvidar este asunto, olvidar a Martín, y centrar toda su atención y cariño en Miguel, sin embargo una conocida voz lo congeló en su sitio. - ¡Eu Manu, acá estoy boludo! - El rubio se pone de pie y agita una de sus manos. Manuel esbozó una sonrisa nerviosa, giró rápidamente y se encaminó a paso lento hacia donde el rubio lo esperaba. Al llegar a su lado frotó sus manos con notorio euforismo, tal acción arrancó una estruendosa carcajada por parte de Martín. - Tranquilízate un poco pibe, vení que no muerdo nene. - Palmea el sitio vacío a su lado indicando al chico que se siente a su lado. - Hola, Martín. - Desvío la mirada y se sentó a su lado. - ¿Para qué me llamaste? - Jala un poco sus dedos, denotando nerviosismo. - Mirá, no voy a dar vueltas. - Gira su rostro para mirarlo a la cara. - Pero mírame cuando te hablo Manuel. - Le toma del mentón obligándole a mirarlo a la cara. - Quiero pedirte disculpas, me he portado súper mal con vos... Espero que podás entenderme, estaba celoso. - Poco a poco perdía la energía de su voz. - ¿Estás celoso por Miguel, verdad? - Esbozó una triste sonrisa, se sintió estúpido por pensar en que Martín sentía algo por él. - Si, ya no es algo nuevo para nadie, yo estoy re enamorado de él. - Suelta el mentón del chileno y se gira mirando a la nada. - Este sentimiento comenzó cuando estábamos en el jardín infantil, con los años entendí que estaba enamorado. Con vos siempre fuí pija por qué me calentaba que Miguel te eligiera siempre, después lo entendí, él siempre te prefería a vos por qué te tenía lástima... - Tras decir aquello sonrió con satisfacción. Manuel se mantuvo en silencio, su mente trataba de procesar rápidamente cada palabra del argentino. ¿Había escuchado bien? ¿Miguel le tenía lástima? ¡Claro que no! Eso era imposible, lo que Miguel sentía por él era amor, ellos sentían auténtico amor. Tenía claro que la vida con su padre era una verdadera mierda, el peruano conocía casa detalle de esta, después de todo vivía al lado, era imposible mentirle, aun así no había motivo para sentir lástima... Sintió un intenso vacío en el centro de su pecho, sus ojos se humedecieron y deseaba llorar a gritos, pero no lo hizo, se contuvo, su orgullo no le permitía romperse frente al argentino. De pequeño le enseñaron que los hombres no lloraban, al menos no frente a nadie. Martín observaba sigilosamente al contrario, percibía su mal estar, sabía que había herido el orgullo de Manuel. Era un punto a su favor, estaba dispuesto a manipular la situación hasta que se alejara de una vez por todas de Miguel. - ¿Te pasa algo Manu? - Extendió una de sus manos hacia el chico acariciándole el desordenado cabello. - No, no me pasa nada. Tengo que irme Martín, acepto tus disculpas, todo bien weón. - Apartó la mano del rubio de su cabeza y con prisa se puso de pie. Intenta alejarse, sin embargo Martín le coge con bastante brusquedad del antebrazo impidiéndole moverse. Manuel confundido gira el rostro encontrándose con el del argentino demasiado cerca del propio. No sabe que pensar o cómo reaccionar, sus actitudes le confunden y su estúpido corazón late con tal intensidad que teme ser escuchado por el otro. - No te vayas, por favor. - Nota que le está apretando con demasiada fuerza, por lo que afloja su agarre. - No me siento bien ahora, quedáte un poquito, necesito un amigo que me dé consuelo. - Martín... - Se quedó sin palabras cuando el argentino lo abrazó con fuerza. - ¡Dale Manu! No me podés dejar solo, estoy hecho bosta. - Hunde su rostro en el hueco que queda entre el cuello y el hombro de Manuel. - Realmente a quién necesitas no es a mí... Necesitas a Miguel. - Suavemente lo aparta, no desea ser brusco con él. - Debo irme, fue bonito verte. - Nervioso se inclina sobre la punta de sus pies dejando un efímero beso en la mejilla del argentino. No se quedó a escuchar nada más, le urgía salir de ahí lo más rápido posible. Sabía que Martín no lo hacía con una mala intención, sin embargo sus palabras lo estaban matando. Él no podía llegar a imaginar el impacto negativo de estás y aunque moría de ganas por quedarse, ser quien le dé el consuelo que tanto buscaba no podía, dolía demasiado como para resistir tan agónica tortura. Amaba a Martín, pero también se amaba a sí mismo, no estaba dispuesto a ser un reemplazo, ni de Miguel ni de nadie. Continuará...
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