Hola gente, al fin subo el capitulo diez. Disculpen la tardanza, pero el tiempo cada vez me escasea un poco más. Desde ahora subiré solo dos capítulos al mes, espero sepan entenderme. El capitulo 11 estará listo para fines de enero. Bueno, ya no doy más la lata y disfruten de este episodio. =) Por cierto lean con la canción de fondo.
Capítulo 10.-
Martín estaba recostado sobre su cama, mantenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono celular. Al fin estaba solo para leer todo lo que Sebastián le mandó horas antes. ¿Acaso el pelotudo de Manuel no se aburría de escribir tanto? Es lo que se preguntaba el argentino en ese momento, solo esperaba que entre tanto texto hubiese algo interesante, algo que le fuera de utilidad para que Miguel se desilusionara y lo dejara de una vez por todas. No consideraba mala persona por lo que estaba a punto de hacer, Manuel no era para Miguel, sencillamente Manuel no era digno para nadie.
Revisó el chat que sostenía con Sebastián, el uruguayo le había mandado 113 fotografías las cuales eran del diario de vida de Manuel. No pudo evitar reír, el hecho de que el chileno tuviese un diario de vida le resultaba de lo más estúpido, después de todo, para él Manuel era estúpido, el más estúpido de todos, el más feo y desagradable. Acomodó un par de cojines tras su espalda, le subió un poco el brillo al aparato y procedió con la lectura.
Hola, sé que es estúpido saludar a un trozo de papel, es un objeto inanimado por lo que no me responderá jamás. Hay veces en que la soledad nos conlleva a realizar acciones desesperadas, heme aquí, tratando de desahogar todo lo que cargo ya que nadie me escucha. Si no lo hago siento que explotaré. No sé por dónde empezar, son tantas cosas las que busco expresar, son tantas ideas sin forma aglomeradas dentro de mi cabeza, deseo escribir tanto y a la vez absolutamente nada.
Supongo que se debe empezar por lo básico, bueno, aquí vamos. Me llamo José Manuel González Rodríguez, tengo 13 años, detesto mi vida y todo lo que me rodea. Mi madre falleció el día en que nací, solo vivo con mi padre, quien por cierto no me quiere. Lo único que me alegra cada mañana es poder ir a la escuela y ver sus ojos, escuchar su risa, imaginar que me dedica cada una de ellas.
Martín tiene los ojos más hermosos que jamás haya visto, son tan verdes, brillantes, tan llenos de vida. Las pocas veces que me dirige la mirada siento que vuelo y tocó el cielo. ¡Lo amo por la cresta, y el weón ni me pesca! No sé por qué, pero él me detesta. Que yo recuerde, jamás le he hecho nada, las veces que he intentado acercarme a él instala una barrera entre ambos, una tan fuerte que no logro traspasarla con nada.
Definitivamente mi padre tenía razón, aunque me duele asumirlo. La felicidad es solo para unos pocos, supongo que esas personas tienen que ser muy especiales para merecer tanto, imagino que son todos como Miguel. Miguel es especial, Miguel es feliz. Él tiene una mamá que lo adora, un papá que lo escucha, un hermano con quien compartir sus cosas y también tiene la atención de Martín. Quizás, algún día llegue a ser tan feliz como lo es Miguel.
Martín bloqueó un instante el celular dejándolo a un costado suyo. Con sus largos dedos masajeó su sien, la cabeza comenzaba a dolerle y los ojos le escocían. Jamás imaginó leer algo así, a veces sospechaba de la actitud de Manuel, más jamás imaginó que estaba enamorado de él. ¿Por qué salía con Miguel? Prefería no especular nada hasta leer el contenido completo, quizás con el tiempo el enamoramiento desapareció, era una posibilidad que no debía descartar hasta el final.
Tomó una vez más el teléfono en sus manos, desbloqueó el aparato dibujando con su índice su patrón de seguridad, titubeó un momento. ¿Era correcto continuar? Sabía que no, era la privacidad de Manuel, sin embargo necesitaba evidencia para que Miguel reaccionara de una maldita vez. Su padre siempre decía "en la guerra y en el amor todo se vale", vaya que tenía razón. Había perdido la batalla, más no la guerra.
Ha pasado algún tiempo desde que te compré y estrené tus páginas con mis lamentos. ¿A veces me pregunto si mi madre vivirá en otro plano? ¿Podrá verme? En ocasiones necesito creer que sí, que está a mi lado aunque no pueda verla, que me ama y me cuida, sin embargó la mayor parte del tiempo sé que no es verdad. Si ella pudiera verme sabría cuánto estoy sufriendo y haría algo. O bien se llevaría a papá con ella, o me llevaría a mí. Quien conviviera con nosotros dos sabría que no podemos respirar el mismo aire.
Hoy ha sido un día de mierda, mejor dicho una semana de mierda. Realmente ya no recuerdo la última vez que sonreí con sinceridad. Hoy tuvimos clase de educación física, nos tocó jugar fútbol, el profesor armó los grupos y para mí fortuna me tocó con Martín. Cuando él volteó a verme con esos ojitos verdes tan bonitos le sonreí, él solo volteó nuevamente el rostro. De su parte solo recibí una efímera mirada cargada de desprecio.
En conclusión, el partido fue una mierda, jugué pésimo y Martín es un mal perdedor, por lo que descargó su enorme frustración en mí. He terminado con el labio partido, un pómulo morado y el corazón hecho pedazos. Odio las peleas, odio pelear, sin embargo él procura sacar lo peor de mí. Llego a casa buscando refugió y encuentro a papá fumando pasta en la sala junto a sus asquerosos amigos. ¡Los detesto tanto, a él y a todos esos weones asquerosos!
Nuestra casa es tan pequeña que no hubo manera de escabullirme sin ser visto, papá me llamó y me mandó a preparar algo para comer, sus amigos tenían hambre. ¿A veces me pregunto qué carajos tiene en la puta cabeza? Está tan volado el conchetumare que ya no le funcionan las escasas neuronas que aún conserva.
En casa no hay nada para cocinar, en la alacena solo hay un kilo de sal y un montón de polvo, él no trabaja y lo poco que yo consigo lo toma y lo cambia por más pasta. A causa de la falta de comida me insulta frente a todos haciéndome sentir tan jodidamente humillado. Sus amigos ríen como hienas mientras le apoyan en sus insultos, uno de ellos me mete la mano en el culo para luego anunciar con énfasis "parece tabla". Todos ríen, incluyendo mi padre.
Tomo mi mochila y salgo de casa lo más rápido que mis piernas lo permiten, cabizbajo me encamino a la casa de Miguel. Cómo siempre desde hace años él me recibe, sus padres se encargan de alimentarme y hacerme sentir como en casa, para luego, rematar en su habitación disfrutando de sus caricias. Me atrevo a decir que él es lo único bueno que hay en mi vida y me aterra pensar que un día me abandonará.
Martín jamás se sintió mal por sus pleitos con Manuel, jamás sintió remordimiento por cada ocasión en la que se encargó de humillarlo, nunca lo había hecho, hasta ahora. Después de leer aquello lloró, lloró con culpa, con remordimiento, pero jamás con verdadero arrepentimiento. A pesar de los años que se conocían y en los que el chileno intentó acercarse nunca logró ver más allá de esos orbes miel que tanto odiaba. ¿Realmente lo odiaba? No sabía cómo definir lo que sentía por el chileno, a veces sentía que lo odiaba con toda su alma, en otras ocasiones pensaba que eran sólo simples celos, y ahora sólo sentía una inmensa lástima.
Ya no deseaba seguir invadiendo la privacidad ajena, no le correspondía descubrir los secretos más ocultos de Manuel, no deseada conocer sus más íntimos miedos ni mucho menos descubrir sentimientos que su portador optó por jamás confesarle. Muy a su pesar, yendo en contra de su conciencia continuaría leyendo. Secó sus lágrimas, ahogó un par de lastimeros jadeos contra su almohada. Debía dejar la debilidad de lado, no podía retractarse ahora, no era el momento de sentir culpa o de ponerse sentimental.
Hoy por un instante pensé que era feliz, estaba ansioso porque las clases terminaran, llegar a casa y escribir hasta el cansancio. En la mañana fui por Miguel, su mamá dijo que tenía fiebre y no podría asistir a la escuela, me hubiese encantado quedarme con él y cuidarlo, pero se me hacía bastante patuo pedirle permiso a su madre para hacerlo. El camino al liceo sin él es aburrido, el paisaje de pronto me parece más gris, triste, opaco, sin dudas es su simpatía la que ilumina todo.
Pensé que estaría solo en clases, como siempre que Miguel faltaba. Para mi sorpresa Martín se sentó a mi lado, me saludó, incluso cruzamos un par de palabras. Durante la clase cruzamos miradas y sonrisas cómplices. ¡Dios, sentí que estaba en el puto paraíso! He mencionado ya que la sonrisa de Martín es hermosa, aunque todo en él es tan jodidamente perfecto, son todas sus cualidades las que lo vuelven tan lejano e inalcanzable para alguien como yo, alguien tan lleno de defectos.
Durante el recreo me acompañó a mi lugar seguro, dónde nadie podía molestarme cuando Miguel faltaba. En el tercer piso, el sector de los cabros de la media, ahí, en un pequeño rinconcito olvidado pasaba mis recreos en soledad. El lugar no fue muy atractivo para Martin, pude darme cuenta por la expresión de su rostro. A veces es un libro abierto con sus emociones, lo conozco tanto que sabía que algo tramaba, pero me resultaba más esperanzador imaginar que quería ser mi amigo.
Una vez a solas esperaba un golpe o bien insultos de su parte, sin embargo, muy por el contrario estampó su boca contra la mía. Fue un beso torpe, inexperto y bruto, por sobre todo bruto. Dejó en mis labios una sensación extraña, rabia y desagradó es lo que manifestó en esos pocos segundos qué el contacto duró. Luego se apartó sin mirarme a la cara si quiera y en silencio se marchó, quise ir tras él, exigir una explicación, más mi cuerpo no se movió. Me quedé ahí, quieto, solo y confundido.
En el transcurso de las siguientes clases me ignoró haciendo de cuenta que nada pasó entre los dos, volvió a sentarse junto a sus primos y a molestarme cada vez que tuvo una oportunidad. Esa actitud de mierda me cansó, decidí buscarlo a la salida y enfrentarlo de una vez por todas. Decidido me encaminé a dónde estaba, sin embargo frené al oír las carcajadas histéricas de él y sus primos. Se reían de mí, hablaban a mis espaldas cosas desagradables y felicitaban a Martín por cumplir la penitencia.
Y es así como mi día perfecto se fue a la cresta junto a mis ilusiones de ser feliz. ¡Esto me pasa por weón! ¿Cómo pude creer que del día a la noche llegaría a quererme? Martín acaba de romper mi corazón en mil pedazos, él no dimensiona el daño que sus estúpidas acciones pueden ocasionar, ni mucho menos el daño que ocasionan en mí. En conclusión, la vida es una puta mierda.
Recordó aquel día, recordó lo que ese roce de labios provocó en él, esa extraña sensación de deseo, un deseo tan fuerte que quemaba y desembocaba en rabia. Ahora que conocía la otra cara de la moneda se sentía sumamente estúpido, su rivalidad hacía Manuel había llegado demasiado lejos, sin embargo no deseaba detenerse, no ahora que tenía las armas para arrebatarle el amor de Miguel.
Continuó leyendo, Manuel se había ganado su respeto. El flaco era fuerte, más fuerte de lo que imaginaba, eso le daba la certeza de que podría vivir tranquilamente sin Miguel. El diario no tenía fecha, pero hasta en el último texto Manuel expresaba cuan enamorado estaba de él. Decidido seleccionó todas las fotografías y las mandó a un f*******: fantasma que se creó para la ocasión, una vez tuvo las fotos en la red social se las envío a Miguel mediante mensaje privado.
...
Manuel se hallaba en casa, estaba encerrado en su habitación, no deseaba tener que cruzarse con su padre, el hombre hacía y deshacía en la planta baja junto a sus amigos, habían montado un casino clandestino y eso tenía para rato. Se aferró a su viejo y duro almohadón con la mirada perdida en un punto de la pared. Sonrió al pensar que del otro lado se hallaba Miguel, aunque sabía que no estaba, horas atrás salió con su familia y aún no regresaban. De pronto tuvo una idea, se levantó con prisa de la cama y de su escritorio cogió un cuaderno y un bolígrafo, arrancó un trozo de papel y con prolija caligrafía escribió "Te amo, te amo mucho. A cada segundo que pasa te echo más de menos weón, mi weón."
Tomó el trozo de papel entre sus dedos y leyó lo que había escrito un par de veces, sonrió, sintió sus mejillas arder, mas le restó importancia. Se acercó al hueco que Miguel había hecho en la pared y con cuidado metió el papelito con la esperanza de que cuando llegara lo leyera. Estaba cansado, no seguiría esperando, se tumbó en su cama boca abajo y cerró los ojos entregándose al inmenso cansancio que desde hace un tiempo le embargaba la mayor parte del día.
...
Eran pasadas las once de la noche, Miguel deseo las buenas noches a sus padres y se encaminó a su habitación. No vio el papel que Manuel le dejó, ni siquiera se tomó la molestia de encender la luz de su habitación. Se quitó la ropa quedándose solo en bóxer para luego fundirse en la cama. Tomó su teléfono celular y encendió el acceso a wiffi, deseaba darle las buenas noches a Manuel, ya que no podían estar juntos a diario al menos se conformaba con una corta vídeo llamada.
Al tener nuevamente conexión a internet su teléfono comenzó a vibrar constantemente, un poco sorprendido observó la pantalla. Eran mensajes de un desconocido, siempre se caracterizó por ser un chico curioso y esta vez no fue la excepción. Al abrir la ventana de chat del desconocido se encontró con un centenar de fotografías, no eran fotografías de personas o paisajes, eran fotografías de un texto. Seleccionó la primera e inmediatamente reconoció aquella caligrafía, eran textos escritos por Manuel, de pronto el sueño se esfumó...
Continuará...