Punto de vista de Daphne. Corría y corría, mis pies apenas tocaban el suelo mientras las ramas arañaban mi piel y las lágrimas me nublaban la vista. Pero no podía detenerme, Jaxon me lo había pedido, me había salvado, arriesgando su vida por la mía, por eso debía correr, por eso debía vivir. Pero no pude evitarlo, el corazón me palpitaba en los oídos y aun así, me giré y lo vi. El gran lobo n***o, mi esposo, el hombre que me había amado o mentido, el mismo que ahora era un animal furioso, siendo devorado por su propia especie. —No, no, no— decía al ver lo que estaba sucediendo. Las garras se hundían en su carne, las mordidas brutales le arrancaban el pelaje, aullaba de dolor, pero aún peleaba. —¡NO! —grité con desesperación—. ¡Déjenlo por favor! Di un paso hacia atrás, con la inte

