CAPÍTULO TREINTA Duncan salió del cañón junto con Kavos, Bramthos, Seavig, Anvin y Arthfael y varios cientos de sus hombres. Se sintió honrado al ver que todos estaban ansiosos de unirse a la misión más difícil de su vida. Cuando por fin estuvieron en el desierto, Duncan vio que en el norte y a campo abierto estaba el masivo ejército Pandesiano. Acampaban ahí como un mar de n***o en el horizonte, con las banderas al viento y creando una silueta en el amanecer. Había llegado la hora de arriesgarlo todo, de incitarlos a venir a campo abierto y de atraerlos con un señuelo de nuevo hacia el cañón. Duncan sabía que la misión era temeraria. Sus oportunidades de atraerlos al cañón eran muy limitadas; si los atacaban antes de atraerlos abajo, seguramente no sobrevivirían. Y sus probabilidades de

