En su gran castillo, Lucían reflexionaba con detenimiento sobre cómo rescatar a la humana que estaba en manos de los lobos. “Magnus tendrá que entregármela, es mía,” murmuraba con determinación. Mientras tanto, en la gran casa, Milagros contemplaba la luna llena, que brillaba espléndida en el cielo. La brisa cálida entraba por la ventana abierta. Magnus, al notar la ventana abierta, corrió a la habitación de Milagros y la cerró rápidamente. ---No puedes dejar la ventana abierta, tu aroma puede atraer a los vampiros,--- advirtió Magnus. ---Perdón, no me di cuenta,--- respondió Milagros. --- Lo siento, no quise ser rudo,-- dijo Magnus al notar la tristeza en su rostro. --- Entiendo,--- respondió Milagros. --¿Aún quieres ver la biblioteca?--- preguntó Magnus, intentando aliviar la t
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