Por más que hubiera querido que estuviera conmigo esa misma noche, me contuve. Si mi intención era persuadirla, sutilmente, a aceptar permanecer conmigo no solo en esta casa sino también en mi cama, de modo que pareciera que es decisión propia, comprendí que debía ser paciente, debía esperar callado, observador, atento a sus necesidades. Tarea difícil pues ser paciente es una de las pocas virtudes de la cual no tuve ni he tenido el honor de hacer alarde. Antes de ella, lo que quería lo tomaba a mi antojo o expresaba mis intenciones sin muchos rodeos y si no veía disposición o posibilidad de hacerme de eso en lo que había puesto mis objetivos, simplemente me alejaba en busca de algo mejor y más disponible. Anel en tan poco tiempo me cambió. Fue un proceso tortuoso pero placentero. Verla

