—Es una tontería —se quejó María, la ya no tan pequeña pelirroja de ojos oscuros que hacía la tarea sentada en la sala de su casa—. ¿Cuánta imaginación creen que puede tener una adolescente para hacer todo lo que piden que haga? Airam miró con curiosidad a la que se quejaba. No entendía que se quejara de no tener imaginación cuando, posiblemente, después de sus tres hermanos y su padre, las mejores respuestas que le habían dado eran por parte de ella, que era muy ocurrente desde muy pequeña. —¿Qué te piden que hagas? —preguntó la mujer que, con los pues sobre el sofá en que estaba sentada, leía una novela policiaca que le tenía atrapada desde un par de días atrás. —Quieren que haga un reportaje sobre reencarnaciones, como si fuera algo que existiera en la realidad —respondió la chiquil
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