Alex. Las palabras de Margaret incrementaron la lujuria de Peter, quien no dejaba de verla con exaltación. Margaret se aclaró la garganta y retrocedió unos cuantos pasos, no obstante, conservaba esa exagerada sonrisa que estaba segura le garantizaría la alianza que en ese momento tanto necesitaba. —Muy bien, si así son las cosas, sus deseos son órdenes para mí, mi querida Sra. Pero me gustaría que pudiésemos cerrar el trato usted y yo solos, cenando en un buen lugar, o donde usted prefiera—. Comentó Ferguson de manera provocativa. —Por supuesto, pero me gustaría que primero hiciera lo propio, no es que desconfíe de usted, claro que no, lo que sucede es que tengo especial interés en este tema, ya sabe, por la seguridad de mis nietos—. Argumentó la malvada mujer tratando de ganar tiempo.

