Álex. Justo en el momento en el que nos disponíamos a liberar las tensiones que por alguna razón se habían generado entre nosotros, alguien estaba llamando a la puerta, me parecía la visita más inoportuna, necesitaba aclarar lo que estaba pasando con mi esposa, la veía en un muy mal estado y no podía permitirlo. —Amor están tocando —dijo ella. —Deja que se vayan, ahora lo único que me importa es saber porque te pusiste así —contesté con firmeza. —Gracias por preocuparte, Álex, pero ya te dije que estoy bien, solo estoy sensible —replicó ella. Su negativa terminó por desconcertarme, por más que quería abrirle mi corazón y que ella confiara en mí, Aurora no lo hacía y eso me dolía profundamente. —Está bien, si no quieres contarme lo que te pasa no voy a insistir más, será mejor que abr

