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2267 Palabras

23 Una Mujer que Murió de Amor Unos días más tarde, visitaba la oficina del burócrata, que me permitió entrar en el hospital psiquiátrico forense. Por casualidad, me encontré allí con el subsecretario del Ministro de Justicia. Este hombre de Estado, que era demasiado gordo para caber en su asiento, no mostraba lo que pasaba por su mente gracias a la sonrisa que siempre tenía en su rostro. Estaba en primera fila de una reunión sobre la reencarnación mientras advertía a los tribunales que no respetaran tesis no científicas como la reencarnación. Abrazó la hipocresía típica de los políticos, viviendo cada día quitándose una máscara y poniéndose la otra. En realidad, era un hombre tan bueno que no cabía en él una cara de enfado. Su sonrisa, que al principio te parecía falsa, se volvía real

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