Tanto Lily como James estaban asombrados. ¿Ese era realmente su patrón? Por lo general, Eduard era tan arrogante que ni siquiera se molestaba en escuchar los chismes sobre las aventuras amorosas de Vernon. Pero ahora, escuchaba en silencio a Zoé mientras ella relataba las historias de unos aldeanos desconocidos. Como era de esperarse… el amor hacía que cualquiera perdiera la cabeza. Zoé habló sin parar hasta que, finalmente, se quedó dormida. Eduard bajó la mirada, acarició con suavidad su hermoso cabello n***o y no pudo evitar sonreír. Entonces levantó la vista hacia el mayordomo, que roncaba levemente mientras seguía de pie. —Reduce mis compromisos y libera una semana —ordenó Eduard. El mayordomo recobró la compostura y lo miró con el ceño fruncido. —Señor, ¿tiene intención de…

