Zoé era, en su mente, la recompensa justa por el dinero que él había pagado. Solo tenía que seguir el plan inicial: ser su esposa obediente, cuidar de él, atender sus comidas, quedarse a su lado por el resto de su vida... y tener hijos con él. No debió haberse hecho ilusiones. No debió haberse sentido dolida por su frialdad. ¡Se había equivocado! No debía dejarse llevar por los sentimientos. Debería ser una máquina sin emociones, diseñada para devolverle con hijos la "amabilidad" que él le había brindado. Pero cuanto más intentaba convencerse, más le dolía. Finalmente, rompió en llanto, incapaz de contener su tristeza. Él era quien había actuado mal. Y aun así, ella no se había enfadado. Le había suplicado de buena manera que dejara en paz a Oliver y a Wendy. Pero él se negó. S

