Era la primera vez que presenciaba una cena así en la vida real. Hasta entonces, solo las había visto en películas o series. Y para colmo… ni siquiera sabía cómo cortar un filete. “Debe ser como cortar cerdo”, pensó con nerviosismo. Eduard, desde su silla, observaba la disposición en la mesa. Frunció ligeramente el ceño. Su voz fue seca. —¿Qué hay para cenar? —Bocadillos… y pastel de cumpleaños —respondió Zoé con cuidado, empujándolo suavemente hacia la mesa. La temperatura de su voz bajó aún más. —¿Pastel de cumpleaños? ¿Charlie te lo dijo? —preguntó él con un hilo de voz. —Mmm. —Entonces, ¿también te dijo que no celebro mi cumpleaños? La sala estaba envuelta por una luz tenue, apenas iluminada por las velas que parpadeaban suavemente. Zoé bajó la mirada y apretó el borde de

