Solo entonces Eduard sonrió levemente y apagó la grabación. —Entra. La secretaria colocó un documento sobre el escritorio. —Señor, puede revisarlo más tarde, no es urgente. La negociación comenzará a las ocho de la noche, así que aún tiene tiempo para hablar con su esposa… un rato. Eduard esbozó una breve sonrisa y dejó el teléfono a un lado. —Olvídalo. Es raro escucharla decir que me ama… así que debo esforzarme y trabajar duro. …. A las nueve y media de la noche, el teléfono de Zoé no dejaba de recibir llamadas, una tras otra. Pero como lo tenía en silencio, no se enteró de nada. Hasta que el encargado del Palacio Violet llamó a Laura. —¿Puedo saber si usted es amiga de la señorita Zoé Rivers? —preguntó con tono educado pero frío—. Sus compañeros de clase han gastado aproximada

