Martin y Charlie ya llevaban un buen rato esperando en una mesa redonda dentro del Apex Greenery. En cuanto vieron llegar a Eduard con Zoé, Charlie silbó en tono burlón: —¡Vaya, qué pareja tan encantadora! Mientras Charlie mostraba su entusiasmo habitual, Martin se levantó nervioso, temblando ligeramente. —Buenas tardes, señor Lane... señora. —Siéntate —ordenó Eduard con un gesto de la mano. Solo entonces soltó a Zoé. Acto seguido, tomó una manzana del centro de la mesa y se la puso delante. —Ya puedes comer, ¿verdad? Zoé, que ya se moría de hambre, no lo dudó ni un segundo. Ahora que por fin estaba frente a Martin, entendía que Eduard había cedido, al menos en parte. Así que, feliz, empezó a morder la manzana con entusiasmo. Charlie puso los ojos en blanco y se dejó caer en la si

