17 Él Esta aquí.

2008 Palabras
— ¡Ukara! — grito casi rompiendo sus cuerdas vocales y dejando salir las lágrimas retenidas, solo entonces fue que el brujo cayó de rodillas y Kalila lo comprendió, la debilidad de Ukara era verla llorar, fue por eso por lo que suplicaba en el prado que viera a otro lado. — ¡Vete! — grito impotente, pues era tanto el dolor que le ocasionaba ver sus lágrimas caer, que no podía concentrarse para usar su poder y alejarla a un lugar seguro. — No te dejare, no lo hare. — juro casi sin aire al llegar a él nuevamente y ayudarlo a ponerse de pie, con la clara intención de correr lejos de los cazadores, escaparían los dos o no escaparía ninguno. — ¿Kiriko? — Ukara tomo la mano de Kalila y la obligo a colocarse detrás de él, mientras el hombre canoso se acercaba a paso lento. — ¿Kiriko eres tú? — el olor a pimienta era tan fuerte que incluso Kalila lo sintió, no era como el de ella, un poco exótico y atrayente, este era mucho más fuerte, causando ganas incluso de estornudar. — Papá Asher. — susurro desde detrás de Ukara y el brujo comenzó a pensar que quizás Ikigaí le había tendido una emboscada, no a su lago de vida, pero si a él, que mejor forma de acabar con el brujo que quedar en medio de un montón de cazadores. — Hija. — sonrió sin poder evitarlo, dejando a todos sus seguidores confundidos, no por saber de su hija, la habían estado esperando, ella poseía el alma de Kasumi, ella era el regalo de la niebla, la que acabaría con todos los descendientes de la luna, salvo que ahora estaba detrás de un brujo. — ¿No vas a saludarme? — continuo con dolor, pues él la había esperado, confiaba en que tarde o temprano su hija comprendería que su lugar estaba allí, con los cazadores. — ¿Cómo podría así sea acercarme a ti? — rebatió entre dolida y enojada por el recibimiento de la gente que supuestamente era igual a ella, una cazadora. — Un día dijiste que estando con mamá terminaría herida, que ese no era mi lugar, pero ve lo que tu gente me hace, atacan sin razón, sin motivo. — prosiguió diciendo, viendo como la mayoría aun mantenía su pose de lucha, no bajaban la guardia y ella tampoco. — Es que estas con un brujo… — Es mi hermano. — se apegó a lo que Ikigaí había dicho, aunque Ukara creyó que eso no valdría de nada. — Eres hijo de Chloe. — susurro Asher, viendo a Ukara con dolor, mas no con odio. — Ella continuo sin mi… volvió a engendrar… — incluso el brujo entendió que ese humano amaba a la luna única, y aun sabiendo que era un cazador, no pudo evitar sentir pena por él, el amor era peligroso y ahora Ukara lo sabía. — Usted también puede volver a amar, nunca es tarde. — Brujo insolente. — escupió la mujer viendo con asco a Ukara por el solo hecho de hablarle a Asher. — Silencio. — ordeno el mayor y Kalila ahora pudo ver realmente a su padre, como los años lo habían cambiado. — Estas muy distinto papá. — se sorprendió al ver las arrugas en su rostro, aun así, salió de detrás de Ukara y se puso frente a Asher. — Tu rostro, tu cabello. — enumero los cambios que veía y llevo una mano al rostro de su padre humano. — Es el paso del tiempo, es lo normal, tu creces, yo envejezco, y un día... tu tomaras mi lugar Kiriko. — aseguro tomando la mano de su hija entre las suyas. — Aún no lo comprendes padre. — se lamentó mientras retiraba su mano con suavidad. — Yo no puedo matar a mis amigos, ellos… — Ellos un día te lastimaran Kiriko, y créeme que quisiera estar equivocado, pero no lo estoy, es el destino que ya está escrito, un brujo, un vampiro y un lobo… marcaran tu alma, la romperán, morirás de pena y solo entonces… dejaras de ser Kalila para ser Kiriko. — Ukara se tensó ante las palabras del cazador, mas no pudo decir nada, pues eso ya había pasado y solo ahora comenzaba a comprender, ellos habían lastimado a Kalila, ella había muerto de dolor, entonces… ¿era Kalila a quien trajo de regreso Ikigaí? O ¿solo era Kiriko quien había despertado y estaba engañando a todos? — Entonces deja que ese día llegue padre, si tan seguro estas que Kiriko tomara tu lugar… por ahora, solo déjame ser Kalila y disfrutar de tu compañía. Para Asher, era tener la oportunidad de conocer a su hija, para los cazadores, era la forma de saber cómo se regían los pueblos de los hijos de la luna, sus enemigos, para Ukara, era estar entre enemigos, trataba de mantener la calma, pero no podía, mucho menos cuando Kalila acepto acompañar a su padre al centro mismo del pueblo de los cazadores, notaba las miradas asesinas que le regalaban, desde el más anciano, al más joven, se notaba que deseaban matarlo, pero aun así y luego de discutir entre susurros con Kalila, acepto acompañarlos, aunque la joven le dijo que regresara, claro que no lo haría. — Podrías decirle a tu hermano que deje de hacer eso, no está permitido usar la magia en el pueblo. — pidió con calma Asher, quizás teniendo un poco de consideración por el joven brujo, al creer que era hijo de Chloe, aunque la verdad era que lo estaba estresando el hecho de verlo en el centro de lo que parecía un pequeño tornado, listo y dispuesto para atacar ante la mínima provocación. — En realidad no se permiten brujos en el pueblo, al menos no vivos. — aseguro la mujer que tenía el cuello quemado. — Que bueno que crecí en otro pueblo. — aseguro Kalila viéndola mal. — Allí también están prohibidos los cazadores, aunque claro que yo viví, crecí y tuve muchos amigos sin que a nadie le importara lo que soy. — Ukara sentía que le estaban clavando una espada en el corazón, sabía que mentía, solo los humanos hablaban con ella en el pueblo, sin embargo, Kalila se empecinaba en mentir y lo hacía muy bien. — Mira, podrás ser la hija de Asher, podrás ser el regalo de la niebla, pero no vas a venir a imponer cosas raras en mi pueblo… — tanto Asher, como el resto de los cazadores que estaba con ellos dejaron de caminar, nadie contradecía al líder y ese era Asher, pero antes que el cazador pudiera colocar en su lugar a su segunda al mando, Kalila se acercó peligrosamente. — No es tu pueblo, ni el de mi padre, estas tierras son de Ikigaí y lo saben. — la mujer retrocedió con miedo de solo escuchar su nombre. — ¿Cómo sabes eso hija? — definitivamente el mayor no le había prestado atención al brujo aquel día en el bosque, se notaba que solo había visto con detenimiento a Ikigaí, Ukara no sabía si sentirse aliviado o molesto. — Porque soy su compañera. La desconfianza y el miedo rondaron el lugar durante todo el día, sin contar la ansiedad que sentía Ukara, quien no acepto bebida o comida alguna, temiendo que estuviera envenenada, y aunque le insistió a Kalila que se abstuviera de ingerir cualquier cosa, la joven no siguió su consejo, fue así como el anochecer los encontró en medio del bosque. — ¿Estas bien? — indago viéndola de arriba abajo. — Por decima vez, lo estoy Ukara, no debes de preocuparte, no me envenenaron. — rebatió con una sonrisa. — ¿Cómo estas tan segura? ¿Cómo sabes…? —Es mi poder Ukara. — no se lo había contado a nadie, incluso Ikigaí lo sabía solo porque había entrelazado sus existencias, pero no porque ella se lo contara. — Puedo ver el punto débil de cada ser, puedo ver lo que guardan en sus corazones. — ¿Puedes saber si alguno de ellos queria dañarte? — Así es, no sé cómo explicarlo, si es en una pelea, veo puntos que brillan, fue por eso por lo que pude herir a Declan cuando éramos niños, perdí el control por un segundo, pero no fue adrede, solo era una niña. — explico viéndolo con vergüenza, pues para ella ese día había marcado un antes y un después en todo sentido. — Si son pensamientos o sentimientos, esa persona se cubre con un manto de humo, o al menos así lo veo yo, solo la mujer pensó en dañarme, pero cambio de parecer en el momento que mi padre me pidió que Ikigaí fuera al pueblo, creo que le teme a Iki, pero no sé por qué. — Ukara si sabía el porqué, pero no diría nada. — Si ese es tu poder… en el prado, aquel día… — Kalila giro a verlo, y no pudo evitar sonreír, no era por Ukara, era el hecho de que las compras quedaban flotando sobre ellos, como si fueran globos, todo gracias al poder de Ukara. — Nunca se cubrieron de humo Ukara, creo que… no era su intención matarme, por eso solo veía sus puntos débiles, aunque de nada me sirvió. — No lo planeamos. — dijo casi con desespero al verla girar con rostro triste. — Lo sé, pero si me buscaron para dañarme. — Pero no de esa forma, no sé porque todo resulto así. — la desesperación lo tomaba de momentos y no era el único. — ¡Pues así paso! Y el tiempo no se puede retroceder y mira que mi padre lo intento, cuando no sabían dónde estaba, pero… eso ya no importa. La pelinegra comenzó a caminar más deprisa y Ukara a seguirla, comenzando a creer que sería la historia de su existencia, caminar detrás de Kalila sin poder alcanzarla nunca, como niño que camina siguiendo la luna con la esperanza de poder tocarla o ver donde se va cuando el sol sale a ocupar su lugar en el cielo. — ¡Al fin regresan! — el grito furioso de Declan fue la recibida que tuvieron al ingresar en la casa. — Te dije que estaban bien. — rebatió con tranquilidad Ikigaí y floto al lado de Kalila para besar castamente sus labios, algo que la hizo ruborizar. — Hola Iki. — susurro sobre sus labios y Tahiel dejo oír un gruñido. — Creímos que algo les había sucedido. — el lobo veía a Ukara interrogándolo con solo una mirada. — Pues en un principio si fue así, pero Ukara se encargó de todo. — ¿Como es eso? — Declan la escaneo de pies a cabeza, como si estuviera preocupado realmente por ella, y Kalila queria patearse por ser tan estúpida y seguir viendo cosas donde no las había. — Nada importante, solo me encontré con mi padre humano. — ¡El cazador! — Deja de gritar. — ordeno Ikigaí y se separó de Kalila para ir frente a Declan. — Déjalo Iki, no me molesta. — Silencio. — dijo Ikigaí y Tahiel quiso ir al lado de Kalila que había quedado en el sector de la sala, mientras ellos estaban en el lado del comedor, aunque era un ambiente abierto, la distancia que había entre ellos cuatro y Kalila era significante. — ¿Iki? — indago con miedo la joven al ver que Ikigaí envolvía con su cabello a los tres descendientes de la luna. — Él está aquí. — susurro con dolor, un segundo antes que la puerta se abriera. — Mi fuego eterno. — la voz cavernosa le erizo la piel a Kalila. — Al fin te encontré. — Nuriel. — susurro girando solo para ser tomada por dos enormes manos. — Tu destino está aquí, mi bello fuego eterno, y ahora si arderemos juntos. — prometió el fénix al tiempo que devoraba los labios de Kalila.
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