12 Habitaciones.

2212 Palabras
Lo escucho y no lo creo, ¿Cómo puede ser que un ser tan mágico y hermoso se sienta inseguro? Pero cualquier pensamiento razonable se esfuma de mi mente con el solo hecho de escuchar el nombre de Nuriel, incluso yo soy consciente del aroma a pimienta que libera mi cuerpo, y mi piel se eriza por completo, como si estuviera en llamas. — Por el amor al sol, mi amor. — Ikigaí gime y me ve con dolor, y creo que es el hecho de que sabe que los idiotas que están cerca mío pueden lastimarme al olfatear el aroma que predomina en mí, el que es característico de los cazadores, por lo que casi corro a los brazos de Iki. — Hueles delicioso. — gime llevando su nariz a mi cuello, bien, acabo de cometer un grave error, no era miedo de que Declan y sus amigos me hicieran algo, Ikigaí esta excitado, por un segundo olvide que mi aroma lo atrae, le encanta y lo enloquece, puedo sentir su dureza y no concuerda con el tamaño del cuerpo que tiene mi peli azul. — Iki. — susurro al sentir su piel calentarse, es como si ingresaras a un lago en verano, uno que invita a hundirte en el sin miedo a ahogarte, porque si ese fuera el caso, no importaría, morirías feliz. — Mia. — murmura sobre mis labios, para luego besarme, un beso como jamás había sentido, húmedo, suave, su lengua sabe a moras, sus labios se asemejan a los pétalos de las rosas, y sus manos recorriendo mi trasero para apretarme aún más a él hace que gima bajito, con deseo, con anhelo y porque no, con desespero. — ¡No puedes reclamarla! — el grito de Declan me hace pegar un brinco y me separo de Iki, era tanta mi necesidad por mi compañero que me había olvidado de ellos tres. — Ya lo hice, y ella me acepto. — rebatió con una sonrisa socarrona Ikigaí, comprendo que no les agraden, a mí tampoco, pero…pareciera como si se estuviera burlando de ellos, como si el solo hecho de saber que ya uní mi existencia a Ikigaí los lastimara, ridículo. — ¿Dormiste con él Lila? — el reclamo cargado de dolor de Ukara me sorprende, no tanto como que me llama Lila, aunque quizás es porque Jana me llamaba así. — Los reclamos están prohibidos hasta los 21 años y lo sabes. — ruge Tahiel y tiemblo aferrándome a Ikigaí, su lobo me asusta. — Eso aplica para los hijos de la luna, y nosotros no lo somos, ¿verdad amor? — me estremezco cuando comienza a lloviznar, pero Ikigaí se separa de mí, dejándome en el medio de lo que creo será el jardín de nuestra morada, con Declan, Ukara y Tahiel de un lado y él frente a mí. — Iki. — susurro sintiendo que mi cuerpo arde. — Además, nosotros no necesitamos consumar con nuestros cuerpos nuestra unión, ¿verdad amor? — pregunta nuevamente el peli azul alejándose un paso más de mí, mientras la llovizna recorre mi cuerpo. — Iki. — repito con mayor fuerza, al sentir las gotas de lluvia caer entre mis pechos, es como si fueran las manos de Ikigaí, aunque él este a tres metros de distancia viéndome con esos ojos violetas. — ¿A qué te refieres con que no necesitan su cuerpo? — escucho a Ukara hablar, está cerca, mientras las gotas se deslizan por mi abdomen bajando por mi monte de venus, y llegando a mis pliegues. — ¡Ikigaí! — grito y sin poder evitarlo me aferro al brazo de Ukara que caminaba a mi lado, solo para no caer de rodillas al suelo. — Lila. — dice con preocupación, pero yo solo puedo morder mi labio para no gemir, Iki me sonríe, y yo solo puedo temblar, es cuando Ukara toma mis brazos para que no me desvanezca por el gran placer que siento. — ¿Qué te sucede? — inquiere con preocupación y es cuando veo a Declan y Tahiel cernirse sobre mí. — Iki por favor. — imploro en un gemido provocando que Declan lo vea con ojos rojos. — ¡¿Que le estás haciendo?! — ruge y temo que comiencen a pelear. — Solo le doy un poco de placera su cuerpo… y al mío. — Basta. — susurro porque estas sensaciones son demasiado fuertes para mí, siento una presión en mi vientre y mis pies se retuercen con fuerza. — Lo siento mi amor. — susurro mi peli azul y en solo un parpadeo me toma en brazos, alejando a Ukara como si solo fuera una hoja que callo en mi brazo. — Creo que me excedí. — queria enojarme, queria gritarle que como se le ocurre hacer tal cosa con ellos cerca, pero… su cara es tan tierna. — Ikigaí, no lo vuelvas a hacer. — susurro con las mejillas rojas, tengo vergüenza, y es que casi… ¡tengo un orgasmo en público! — Prometo tratar de no hacerlo. — ¡Iki! — Lo siento, pero… tu aroma me hace perder la razón, solo quiero darte tu tiempo. — se disculpa ahora si dejándome en pie y con verdadero pesar. — ¿Darme mi tiempo? — Soy tuyo y tú eres mía, quiero beber todo de ti, pero sé que aún no estas lista. — ahora no solo mis mejillas están rojas, es todo mi rostro y no solo por lo que Iki dice, sino también por las maldiciones de los tres idiotas a mi espalda. — Maldición, ¿acaso la estaba follando a través de la lluvia? — Declan se oye más furioso que sorprendido. — Yo…yo… iré a buscar mi cuarto. — huyo, y no sé si es por vergüenza o por desear que Iki beba todo de mí, aunque no se bien a que se refiere, no creo que tome mi sangre, no es un vampiro… él es… es…— Iki. — lo llamo a punto de ingresar en la enorme casa. — ¿Si amor? — Nada. — digo, arrepentida de querer saber más de lo que él me ha contado. — Soy una quimera mi hermoso lago. — él sabía lo que iba a preguntar, él sabe lo que quiero, siempre, con una sola mirada, es uno de mis destinos. — ¿Una quimera? ¿Esas que tienen dos cabezas y cuernos? — Esa misma, soy la única quimera, soy un dragón y un tigre… que pronto te devorará. Luego de ver su sonrisa pícara y observar a los que una vez fueron integrantes del pueblo que dirigen mis padres y que ahora son mis guardianes, ingrese corriendo a la cabaña, no queria quedar como una estúpida, más cuando Tahiel olfateo el aire, sé que huelo a pimienta, aún más fuerte de cuando nombraron a Nuriel. Me dedique a recorrer la gran casa y descubrí que Ikigaí había hecho un cuarto para cada uno, quede maravillada, no solo porque la construyó en pocos minutos, sino por lo que había en cada habitación, y es que si, vi todas, se suponía que estaba buscando la mía, por lo que ingrese a la primera, era de un tamaño normal, con una cama estilo matrimonial, grandes ventanas, con cortinas y ropa de cama blanca, había unos libros en una estantería, y una pirámide de un tamaño importante fabricada con piedras, para ser más precisos una estaba sobre la otra, solo cuando abrí el armario fue que me di cuenta de quien era, olía a menta y amapolas. — Ukara. — susurre al distinguir su ropa, pantalones de mezclilla, camisas blancas, grises y celestes, tenis en los mismos colores que sus camisas. Sali de ella sin querer seguir hurgando donde no debo, ya tenía demasiado con lo que Aysel me había dicho o más bien ordenado, aunque creo que fue un consejo, no lo sé con seguridad, y es que solo tengo 18 años, creo que a veces lo olvidan, me cuesta comprender cuando hablan como profetas, pero por lo que pude traducir hasta el momento, se supone que la vida de los idiotas depende de mí, ¿quiero verlos muertos? Si y no, y eso es raro, tengo miedo de que, si deseo verlos muertos, mi lado cazador despierte y que luego no pueda detenerme. Ingreso en la habitación que está en frente de la de Ukara, no debería sorprenderme que sus cosas estén aquí, sé que las mías también, la gran Yunen se iba a encargar de eso. Esta habitación es más rustica, la madera combina con el verde oscuro que tienen las cortinas y la ropa de cama, el lecho es grande como la de Ukara, pero es un poco más grande que la habitación del brujo, además aquí hay pesas, una bolsa de boxeo y demás cosas de hombre, como la fisgona que soy, voy al placar y al abrir, petricor, eso huele, la mezcla del aceite de las plantas del bosque, un aroma que si bien conozco, la ropa de Tahiel la tiene concentrada, sus camisetas de franela son verdes, grises, y negras, y a diferencia de Ukara tiene pantalones deportivos, creo que se le hace más cómodo para quitárselos antes de transformarse… lo que me lleva a recordar que lo vi desnudo cuando “exploto” frente a Luna, no sé porque pienso en eso, no debería. Cierro el placar y salgo, a la habitación continua, la cual grita Declan, el n***o siempre fue su color predilecto, eso ya lo sabía, pero esto es llevarlo al extremo, si no fuera porque las cortinas están abiertas, no se vería absolutamente nada, la madera es mucho más oscura que en las otras habitaciones, la cama y cualquier trozo de tela visible es n***o y al igual que Tahiel tiene pesas, algo que me hace reír, es un maldito vampiro, no necesita estas cosas… o eso pensaba hasta que al verlas de cerca me percato que son de plata. — Estás loco Declan. Mi acusación sale con preocupación, es un estúpido, lo sabía, pero esto solo lo confirma, el solo hecho de tocar eso le debe causar dolor, si alguna resbalará sobre su cabeza… ¿en qué pienso? no debo preocuparme por él, estaba a punto de marcharme, sé que en su placar debe haber ropa negra como su casi estático corazón, pero… rayos soy curiosa, y más porque él no tiene un placar, sino un vestidor, ya que hay dos puertas, una es el baño como en las otras habitaciones, por lo que aquí… — ¿Qué es esto? Mi sorpresa es lógica, muy lógica, no por su ropa negra, sino por el enorme estante que tiene con… — ¿Muñecas? Casi que rompo a reír, pero mis carcajadas desaparecen antes de salir de mis labios y es que las veo y no lo creo, son hermosas, muy hermosas, de diferentes tamaños, con cabello n***o como la misma noche, es como si contaran la vida de una mujer, pues eso es lo que veo, es la misma muñeca, en diferentes tamaños, una bebé, una niña, una jovencita, en total hay 18, su cabello va creciendo con cada una, y su ropa cambia, no puedo evitar tocarlas, en especial una, que tiene dos colitas y lleva un vestido rojo, el recuerdo del día que golpee a Declan llega a mi mente, tenía un vestido igual a este, la dejo en su lugar y salgo antes de que la curiosidad me lleve a cometer un error y es que me di cuenta que las muñecas son de porcelana, no quiero tener más problemas con Declan, además que es muy raro su pasatiempo. Abro la puerta de enfrente a la de Declan y mis labios dibujan una sonrisa, es la de Iki, no hay duda de ello, celeste y azules, con pequeños toques de verdes, como si fuera un lago, o el agua de algún manantial, me sorprendo al ver una cama blanca, es raro Iki dijo que él no necesita cama para dormir… y es cuando mis mejillas se sonrojan. — Eres un pequeño pervertido. Salgo de inmediato o dejare mi aroma a pimienta allí, no revisó placar alguno, pues no hay, Iki fabrica su ropa, recuerdo que cuando lo hizo la primera vez, aquel día que me revivió me sorprendí, dejo de pensar en ello e ingreso en la que está al lado. — Nuriel. Solo de ver la altura del techo sé que esta será su habitación, aunque este vacía en este momento, me pregunto si tomara a bien el tema de Ikigaí. Un suspiro pesado sale de mí, quedan dos habitaciones, la que está en frente de la de Nuriel y la que está al final del pasillo, supongo que la mía estará entre Nuriel e Iki…de solo pensarlo… ya me convertí en una pervertida, si mis padres estuvieran aquí y olieran pimienta me regañarían. — Pero ¿qué? — ¿Te gusta mi lago de vida? — al girar no solo Iki está allí, los otros tres también, estirando su cuello tratando de ver lo que no les importa, aun así, termino de ingresar, y todos ellos tras de mí. — Esto es… es… — no me salen las palabras.
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