Capítulo 4

452 Palabras
MÓNICA En una fracción de segundo, Jackson me rompió la lencería. El sonido del tejido desgarrándose hizo que un gemido involuntario escapara de mis labios, provocando que él respondiera con un profundo gruñido de satisfacción. —¿Te gusta eso? —preguntó, su voz llena de deseo. Antes de que pudiera responder, se quitó su ropa en unos segundos, revelando un cuerpo esculpido que me dejó sin aliento. Sin darme tiempo a reaccionar, me dio la vuelta, poniéndome en cuatro, empujando mi espalda hacia abajo para que mi trasero se elevara. —Confía en mí —dijo, su voz rugiendo como un tambor en mi pecho. Pensé que iba a usar un preservativo, pero antes de que pudiera mencionarlo, él entró de golpe dentro de mí. El gruñido que salió de su boca hizo temblar la cama entera, y yo respondí con un grito de sorpresa y placer. Jackson comenzó a moverse con una velocidad sobrehumana, sus gruñidos de placer resonando en la habitación mientras yo soltaba gemidos que pronto se convertían en gritos. La intensidad de su embestida era abrumadora, cada movimiento suyo me enviaba oleadas de placer que recuperaban todo el control que alguna vez creí tener. —Nadie me había follado así —murmuré, sintiendo cómo me sumergía más y más en la entrega. —Eres único... Sin embargo, él no se detuvo. Con un gruñido que parecía más un rugido, empezó a decir: —Mía. Solo mía. Sus palabras resonaban en mi mente mientras me penetraba tan jodidamente fuerte que mi cuerpo se iba hacia adelante con cada golpe. Pero, justo cuando pensaba que me perdería en la inmensidad de su embestida, él me agarró del cabello, tirando de mí hacia atrás con una fuerza inigualable. —No te vayas —dijo, su voz una mezcla de deseo y posesividad. La mezcla de dolor y placer que sentí hizo que mi cuerpo respondiera con una energía loca. Él me dominaba y yo no quería más que entregarme completamente a él, dejando mis inhibiciones a un lado. Los gruñidos salían incesantemente de su garganta, mientras yo seguía gimiendo, atrapada en una danza salvaje que solo pareció intensificarse con cada segundo que pasaba. Estaba en medio de una tormenta de sensaciones nuevas y poderosas, y en mí surgía un fuego que nunca había experimentado antes. —Eres perfecta —gruñó, volviendo a mover su pelvis con una fuerza devastadora que me hizo perder el aliento. Su presencia era abrumadora, y cada golpe de sus caderas me llevaba más lejos, sumergiéndome en un éxtasis que nunca supe que deseaba. Esa noche, toda la noción de tiempo se desvaneció, y solo existíamos él y yo, atrapados en esta conexión ardiente y peligrosa.
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