Cerré mis ojos con fuerza y luego volví abrirlos. Giré mi rostro y en sus ojos había un brillo en su iris de color amarillo, que me causó temor de inmediato. —Hola Dael—Saludó como si nada Julián. —Lárgate—Le dijo tajante y amenazante con los ojos fieros de rabia. —Sólo vine a dejarte un recado—Explicó. —Ya lo dejaste con Sofía, puedes largarte de mi territorio—Dijo altivo. —Siempre tan hostil—Dijo avanzando cerca de Dael muy relajado, Dael no separo sus ojos ni un momento de los de él. Se giró sólo para decirme. —Te veré luego Venus—Y lo dijo con cierto tonillo. No gesticulé nada sólo me quedé parada allí. Julián partió hacia un auto en la entrada. Ahora la atención de Dael era toda para mí. —Sube a tu habitación—Exigió. Lo miré incrédula. —No puedes mandarme—Dije desafiándo

