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1186 Palabras
Emily se convirtió en mi amiga de un día para otro, era una chica sumamente agradable que amaba escuchar mis chistes lo cual para mí era un milagro porque a decir verdad yo los consideraba demasiado malos. Al menos el trabajo era más llevadero, cuando Brandon me veía cerca de ella no se atrevía a hacerme ningún aspaviento y yo lo confieso: la usaba como escudo humano, los exabruptos del jefe le pondrían los pelos de punta a cualquier persona. De todos modos me agradaba, no solamente porque ante su presencia el señor Kavan jamás se atrevía a levantar la voz ni a actuar como un cretino sino también por su forma de ser: delicada, agradable, dulce, gentil y bondadosa. Así que después de unos días de conversación ya se podría decir que habíamos establecido un vínculo real e inquebrantable. Le conté mi trágica historia de amor, el cómo había amado y perdido al hombre de mi vida. Ella me consoló, me hizo sentir querida y escuchada algo que a decir verdad necesitaba desde hacia muchísimo tiempo. Emi también tenía una historia triste, perdió a sus padres en un accidente cuando era pequeña y otra familia la adoptó. Aunque adoraba a sus nuevos progenitores la herida del duelo por aquellos que le habían dado la vida seguía haciéndole mella. En eso congeniabamos, en que las dos habíamos amado y perdido de una forma cruel e injusta. Quizás por eso nos sentíamos unidas la una a la otra, sentía que era como la hermana menor que nunca tuve. No entendía cual era su relación con Brandon pero supuse que sería un vínculo poliamoroso, una relación abierta de esas modernas en las que ambos pueden salir con otras personas, igual nunca le pregunté porque de no ser así la habría ofendido. Me dijo que amaba a los niños pero que dada su condición de salud seguramente no podría tener, la invité a la casa a cenar para que viera de lo que se salvaba(en el buen sentido, amaba a mis hijos pero eran unos loquitos). Ella accedió y dijo que se iría conmigo para ayudarme a preparar la cena, me pidió invitar a su hermabo y accedí, «siempre que tengas la oportunidad de que otros cuiden a tus hijos úsala» decía mi madre. Nos fuimos en bus, ella estaba sorprendida seguro era una burguesa igual que Brandon, provenían del mismo círculo social. —Nunca había viajado en bus—confesó. —Bienvenida al mundo de la clase obrera —sonreí abiertamente. —Deberías conseguirte un esposo rico para que te saque de tu situación precaria, eres hermosa—a veces Emily podia ser una sinvergüenza. —¿Qué te pasa?—me carcajee—disfruto ser pobre, bueno clase media-baja mejor dicho... Las cosas saben mejor cuando uno se las paga con esfuerzo y dedicación. —Yo nunca he trabajado, voy a la empresa de Brandon porque me aburro en casa. —Es que es aburrido no hacer nada, aunque desearía ser tú y que me mantengan. Yo con costos tengo tiempo para hacer mis necesidades fisiológias. —Si, pero me agrada ver la contraparte, así agradezco mis privilegios. —Más te vale—reí. —Si no estarías limpiando caños, no tengo ninguna habilidad ni soy buena para el estudio. —Pues para todo en esta vida hay que tener talento, hasta para esos trabajos que desprecias desde tu posicionamiento. En casa Emily no ayudó mucho, no sabía ni hacer un huevo ni podía lavar los platos porque la piel le dolía con la baja temperatura del agua así que mi madre y yo la dejamos viendo el partido con el abuelo. Los niños estaban ocupados destrozando mi celular y descargando juegos raros a diestra y siniestra. Finalmente íbamos a cenar unos deliciosos canelones, ensalada verde y un postre de maracuyá, alguien tocó la puerta supuse que sería el hermano de Emily así que mandé a Pierre a abrir. «¡Este sujeto de nuevo!» escuché que decía de forma descarada, al asomarme me topé con Brandon... ¡Así que el era el hermano de Emi, como no lo adiviné!, bueno que dicha que no comenté nada sobre la relación abierta que creía que ellos tenían. —Muchas gracias por venir—dijo mi papá luego de orar. —Gracias a ustedes por la invitación. —Creímos que solo vendría Emily—agregó Kailan, lo miré mal pero él se hizo el desentendido. —Pues también vino su hermano—gruñí—es nuestro invitado de honor de igual manera. —Hmm, no es de mi agrado—dijo Pierre con tono de aristocrata—su novia el otro día dijo que éramos de escasos recursos y que nuestra mamá nos maltrataba—sentí un profundo deseo porque me tragara la tierra. —No se equivocaba—soltó mi madre, luego todo el mundo empezó a reír como loco aliviandando el ambiente—excepto por lo del maltrato. Serina es una excelente mamá, lo que me sorprende porque cuando estaba en la universidad era bastante alcohólica. —¿Enserio?—preguntó Brandon, tenía una sonrisa perversa plasmada en su rostro. —¡Así es!—contestó ella, hundiéndome sin tregua—siempre llegaba ebria como a las tres de la mañana o aparecía a las cinco con un pan y una leche bajo el hombro. —Al menos era responsable—arguyo Emi pero ya era demasiado tarde para redimirme. —Hmm, ni tanto, una vez la descubrí fumándose un porro en la ducha. —¡Que tragedia!—comentó Brandon sarcásticamente. —A nadie le importó—atajo mi padre—yo fumo hierba desde hace cuarenta años, nadie en esta casa lo sabía hasta que Serina hizo que lo confesara por pena de la reprimenda que le estaba dando mi mujer. —Al menos apareciste al rescate—comentó Emily. Luego de la cena acompañé a los invitados afuera, aún me sentía un poco avergonzada con la falta de tacto de mis padres pero no habia mucho que hacer al respecto, al menos no se trataba de un ligue o algo por el estilo. —Gracias por venir—les dije dándoles un abrazo. —Que descarada que eras—Brandon me miró a los ojos con un gesto extraño en el rostro—eso no hubiera sucedido si hubieras sido mi novia. —Por dicha no lo fui—dije sonriendo—las noches en que fui joven y libre son de los mejores recuerdos de mi vida. —Andar tomando alcohol en lugares marginales no es nada bueno para la vida—comentó él, serio—es una bajeza. —Yo me la pasaba genial, son recuerdos del último verano en que fui joven, los atesoro muchísimo. —Serías un marido horrible—interrumpió Emily —yo creo que seguiré el ejemplo de Serina, se ve que es una mujer alegre a pesar de todo. —¡Ni se te ocurra!—puntualizao agitado—y tú—dijo señalandome—si veo a mi hermanita en esas me las vas a pagar.
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