Desde lo sucedido con Lucy el señor Kavan se volvió mucho más irascible que de costumbre, cosa que no era para nada difícil aquel hombre tenía un genio terriblemente malo y cualquier cosa podía alterarlo.
Esto que estaba sucediendo no era para menos, no podía culparlo por sentirse mal cualquiera en su lugar lo haría. Así que no me quedó otra opción que soportar sus embates de locura, se suponía que éramos amigos y que en situaciones complejas uno apoya a las personas a las que aprecia para que superen sus traumas.
No había vuelto a mostrarse vulnerable, la única vez que lo vi tan frágil fue el otro día en su auto cuando fue a dejarme a la casa... También podía comprender eso, cuando nos mostramos débiles ante los demás muchas veces luego nos recorre la vergüenza, no era su culpa.
Su hermana no estaba tan feliz como yo esperaba que estuviera, si bien ella entendía que era una treta de esa familia por ver que sus finanzas se estaban desestabilizando aún le costaba un poco asimilar el golpe de realidad... Aquel engaño tan sinvergüenza era algo complejo de procesar.
Yo también estaba impactada, no esperaba que aquella mujer fuera tan malévola la verdad era que siempre me dio vibras inocentes y a la vez no esperaba que fuera tan estúpida... Cómo se le ocurría mentir en algo así a alguien como Brandon, era muy inteligente y con un gran poder adquisitivo que le permitía desarmar cualquier invento mal amarrado.
En casa por dicha había mucha tranquilidad y milagrosamente mis hijos se estaban portando bien, eso me aliviaba la carga extenuante que significaba lidiar con una atmósfera tan pesada en el ámbito laboral, no era algo sencillo para mí puesto que siempre fui una persona hipersensible.
Estaba tranquila el viernes en la noche, viendo una de esas típicas bazofias románticas que me guataba poner cuando los niños se iban a dormir. En eso me llegó un mensaje de Emily diciendo que la acompañará a ella y a Brandon a un bar para ayudar a que su hermano soltara sus penas.
Les pregunté a mis padres si se dignarían a cuidar a las bestias y aceptaron de buena gana.
—Nunca sales—arguyó mi madre—eres una mujer aburrida, a veces olvido que eres mi hija y te confundo con mi bisabuela.
—Gracias ma, tus palabras son muy alentadoras—dije volteando los ojos.
—Tu mamá tiene razón—la apoyo mi padre—de verdad actúas como si fueras más vieja que nosotros.
—Tengo muchas responsabilidades para andar pensando en salir de fiesta—comenté.
—Lo ves—mamá sonrió—confirmas que tienes el pensamiento de una anciana, mañana si quieres quédate en cama tejiendo mientras nosotros vamos de compras, no vaya a ser que tus frágiles huesos no toleren el peso de la existencia.
Los ignoré y me fui a cambiar, un vestido rojo pasión (más viejo que el mundo) fue el elegido. Remarcaba mis curvas aunque no ocultaba mi vientre levemente abultado por la maternidad, la depresión y las malas conductas alimentarias pero tampoco le pueden pedir perfección a una madre autónoma, viuda y enfuruñada con la vida.
Mis rizos quedaron hermosos y brillantes luego del tratamiento que les hice, los ordené, me puse alguna joyería y un leve maquillaje. Cuando terminé Emi acababa de escribirme que llegaban en diez minutos, agarre mi cartera y bajé las escalaras. Mis progenitores se despidieron de mí con una sonrisa amable.
En el auto mi amiga y Brandon lucían encantadores, vestidos de n***o y apestando a perfume caro. Muy vistosos, cualquiera les echaría el ojo. «El terror de los bisexuales».
—Que sexy te ves—me halago Emily—a veces dudo de mi heterosexualidad contigo.
—¿De verdad?—me reí—me siento un poco gorda pero bueno...
—Gorda me la...—Emily cacheteo a Brandon antes de que pudiera terminar la frase, yo me sentí cohibida al instante.
—Disculpalo, estuvo bebiendo whiskey antes de venir aquí—sonreí silenciosamente, no sabía que contestar al respecto—según él para preparar el hígado para todo lo que se venía esta noche.
—Hmm, si termino de goma espero que Brandon sea lo suficientemente benevolente y me permita faltar el lunes al trabajo—todos nos carcajeamos al unísono.
Llegamos al bar a lo íbamos: nos sentamos en una mesa y nos pusimos a tomar como cosacos; después de todo ir a un lugar así solo a disfrutar del ambiente, charlar y pasarla bien entre amigos se me hacía una idea demasiado aburrida. Por suerte todos estábamos de acuerdo en eso.
Luego de comenzar la contienda no hizo falta mucho tiempo para que nos lanzaramos a la pista de baile, disfrutando de la música tropical y dejando que nuestros cuerpos se movieran al ritmo de la locura.
—Te ves muy bien está noche—dijo Brandon acercándose peligrosamente, su aliento a licor me chocó directamente en el rostro.
—Vamos Brandon—reí—no siempre tienes que comportarte como galán de barrio, sé que has visto cosas mucho mejores.
—Me gustan pelirrojas—contestó, me asusté de verlo así: demasiado ebrio y sincero para mi gusto, hacía que se me pusieran los nervios de punta de tener que lidiar con él en ese estado—tú lo sabes bien, lo sabes mejor que nadie.
—Hay muchas pelirrojas en el mundo—contesté abiertamente, no quería que sus insinuaciones pasaran a más.
—Pero ninguna como tú.
—No seas ridículo—reí—soy una mujer viuda y con hijos, no una jovencita con ganas de experimentar—él me miró desafiante, por primera vez en muchísimo tiempo sentí un corrientazo de lívido pero jamás me atrevería a confesarlo.
—¿Y?—se burló, mirándome a los ojos con descaro—¿no te gustaría estar con un hombre como yo?
—Pff, ¡Claro que no!—respondí molesta—no me gustan tan altos, ni pelinegros con pinta de malamansados.
—Ajá—dijo sarcásticamente—dudo mucho que te pudieras resistir si pusiera real empeño en seducirte.
—Pues espero que nunca lo hagas—me sincere—porque tú y yo no tenemos futuro.