En su oficina, Jessie se enfocaba en sus responsabilidades. El tema de su hermana, por salud mental, por los momentos lo había relegado. Necesitaba revisar un millón de cosas, diseñar y presentar propuestas y los nervios comenzaban a jugarle una mala pasada. Los malestares estomacales se habían intensificado, dejándole un rostro ceniciento que empezaba a inquietar a Ethan. Por culpa de la gran carga de trabajo de la chica no había podido obligarla a ir al médico, pero no dejaba de estar pendiente de ella, llamándola cada vez que podía, asegurándose que comiera sano y tomara vitaminas. La tarde del miércoles, Jessie se encontraba ahogada en un mar de papeles. Terminaba de ajustar los calendarios de los eventos que se realizarían esas semanas de primavera, delegando funciones a cada m*****

