Después de un largo y frío invierno, la primavera despuntaba con todo su brillo sobre Brooklyn, haciendo florecer en cada rincón mantos de flores que le devolvían el colorido a la ciudad. Sin embargo, aquella irradiante belleza encandilaba a Jessie. La joven había alcanzado con mucho esfuerzo el puesto de Directora creativa en la revista donde trabajaba, un cargo por el que había luchado por meses, pero que ahora la ahogaba en preocupaciones, más aún, en la primavera, época en que se desarrollaba una gran cantidad de eventos importantes que debía cubrir. Ella estaba acostumbrada a dar todo por el trabajo que le apasionaba, pero desde hacía un par de meses se saturaba tanto, que le costaba seguir su propio ritmo, comprendiendo que debía reducir la velocidad para no desbocarse, pero a cada

