Escucho gritos por todas partes. Gente desesperada y alarmada. Aunque es una madrugada lo bastante tranquila, la mayoría del ruido; o más bien, todo el ruido proviene de mi mente. Es un caso perdido, yo soy un caso perdido, mientras que ella está ahí en mi cama durmiendo de una manera tan despreocupada, como si lo que me acabara de decir no fuese tan importante.
O tal vez para ella no lo era… no, no. Anais siempre ha sido la típica chica que muere por un hombre, más bien, que chorrea las babas. Puede que este exagerando, pero me hago entender, que su orientación s****l se basa solo en los hombres.
Pero verla ahí en mi cama, con tan poca ropa y solo con la sabana cubriéndole ciertas partes de su cuerpo. Y sus labios, se ven lo bastante carnosos como para volver a caer en esa tentación.
Somos amigas desde hace mucho tiempo, pero nunca me mostro o por lo menos yo nunca vi algún indicio de que le atrajera. “Debe ser por los efectos del alcohol en su cabeza”, mi mente trata de convencerme con este pensamiento, pero me resulta vago, aunque es muy verdadero. Anais se había pasado de copas en la discoteca.
Ahora que ponía más atención para detallarla un poco, sus facciones y… su cuerpo, me doy de cuenta que ya no tiene su labial corrido, “¿en qué momento se acomodó sus fachas?”
Tratando de dejar todos mis pensamientos de lado, como si la brisa me hiciera un favor de llevárselos lejos cada vez que pasaba por mi cara con una gran fuerza, sentía como mis impulsos me ahogan por hacerlo. “Es simplemente mi amiga y además es mi amiga”, pensé, “nunca se daría cuenta de este beso… o lo más probable es que al despertar ni siquiera se acuerde de la declaración que ahora me tiene trasnochándome”
Las sensaciones que produce mi cuerpo hacen que mis movimientos sean torpes y descuidado. A pesar de no haber mucha distancia entre la ventana donde me detuve a pensar todo este buen rato y la cama donde se acostó tan deliberadamente Anais, para mí parecía un gran camino a recorrer. Los nervios ya se apoderaron de todo mi cuerpo, no hay centímetro en mí que no éste bajo el control de este impulso.
En cuanto llegué al borde de la cama, en una de sus esquinas, lo primero que hice fue apoyar mis brazos sobre el colchón. Pude sentir como se undia por el peso de mi cuerpo, para cuando caí en cuenta, ahora si la madrugada se impregno de un silencio peligroso; sentía el flujo de mi sangre recorrer con velocidad cada rincón de mi nervioso organismo, el paso de la saliva se volvía lento. Podía sentirlo y hasta escucharlo.
Me dirigía agachada hasta su rostro. Por mi mente solo podía imaginarme esta situación en tercera persona: “¿cómo es posible que estando en mi propia cama, en mi propio cuarto, tenga que estar haciendo este tipo de cosas”, sin embargo, logré avanzar hasta llegar donde lo deseaba. Sus labios estaban a un solo paso de encontrarse con los míos.
Volvía a tragar saliva con fuerza, para este punto mis labios ya estaban lo suficientemente hidratados como para ser un beso suave y que no se diera cuenta de ello jamás.
La luz de la luna deseaba ser cómplice de este encuentro entre dos labios que se anhelaban, o por lo menos, uno de ellos si lo deseaba, los míos. Aquella estrella decide iluminar sobre los labios de Anais, de un color rosado y tan finos como el roce entre dos estelas.
Solo acerque mis rostros para que nuestros labios pudieran encontrarse. Son suaves, mucho más suaves que otros labios que he llegado a besar durante toda mi vida. Mi corazón comenzaba a acelerarse, mi pulso claramente se elevaba. Es esto lo que me hacía falta, lo que no llegue a sentir toda esa noche con Oliver lo llego a experimentar con Anais.
Conforme pasan los segundos, los cuales yo los siento como horas, mis deseos aumentaban. No habría respuesta alguna por su parte, obviamente estaba dormida, pero ansiaba que comenzara a mover sus labios al mismo ritmo que los míos.
Mi corazón seguía latiendo con fuerza y yo…
“Sus labios era aquello que estaba deseando experimentar, a pesar de ser solo pico, yo… estoy perdiendo el control sobre mi misma. Yo había enterrado estos sentimientos desde hace mucho, yo prometí no volverme a involucrar con otra mujer. Me sentía segura que no me interesaban las mujeres, de nuevo, solo quería estar con hombres, pero Anais, ¿por qué tenías que ser tú?, ¿por qué tenías que lanzarte hacía mí y besarme de esa manera?”
Mis pensamientos convertían mis nervios en ansiedad. Mi pulso ahora no iba en aumento por la emoción, sino por una inminente crisis. Solo sentía espasmos por todo mi cuerpo, este sentimiento no está bien y ya llegando a estar consumida por la incertidumbre, le puse una distancia prudente a nuestros labios; tanto así que al reaccionar tan de repente, terminé en el suelo.
Pero mi golpe no llego ni siquiera a perturbar su sueño, continuaba durmiendo tan plácidamente como si tu mejor amiga no acababa de besarte. “Esta chica si que tiene un sueño muy pesado”, dije para mí misma.
Quedarme en este cuarto es sin duda una pésima idea. No volvería a sucumbir ante mis instintos, pero mi estado mental en estos momentos tampoco está para pensar en ella y mucho menos, verla como duerme en mi cama.
Decidí que la sala es un lugar mucho mejor para mí. Desempaque una cobija que tenía guardada en mi armario y no utilizaba desde hace tiempo. En ese lapso corto de tiempo me convertí en una experta en no hacer ninguna especie de ruido.
Antes de salir del cuarto eche un último vistazo para asegurarme que en realidad sí estaba dormida. Lo estaba y seguiría así hasta muy tarde en la mañana, así que ni se dará cuenta que estuve durmiendo en la sala.
“Descansa”, le susurre, ya estando en el marco de la puerta.
Cuando la cerré, pude soltar un gran suspiro. Lo necesitaba y más por lo sorprendida que estoy de como yo sola soy capaz de crear un ambiente tan tenso.
“Esta noche termino siendo un gran desastre”, no dejaba de pensar en ello. Con lo bien que hubiese estado en quedarme sola en casa, pero tampoco podía abandonar a mi amiga.
El reloj en mi celular marca las cuatro de la madrugada, es tarde sin lugar a dudas, pero tenía un mensaje de Oliver.
Oliver [02:12]: He dejado a las chicas en sus casas y estoy aquí en la mía. ¿Llegaron bien ustedes?, quede preocupado de que se fueran solas.
Oliver [02:12]: Pd: no dejo de pensar esa noche que tuvimos tú y yo.
Pensar en todo eso era lo último que me faltaba. Solté otro suspiro, pero esta vez cargado de frustración.
Ally [04:30]: Disculpa la hora, sí, hemos llegado bien. Gracias por preocuparte.
Es lo único a lo que me limitare a decir y sospechando que recibiría un mensaje suyo de vuelta a los pocos minutos, me dispongo a poner el celular en silencio y esconderlo bajo el cojín una vez me he acomodado en el sofá más largo que tenemos.
Podía juntarlos todos y que formaran una especie de cama todos juntos, pero eso implica hacer demasiada bulla y a pesar de que su sueña es pesado, no pensaba en arriesgarme de esa forma, me limitaba a dormir en un solo sofá. Es bastante cómodo.
Y ahora que pienso con más detenimiento en la hora, mis padres todavía no han regresado. No solemos cruzar demasiadas palabras, nos limitamos a mencionar lo necesario para saber que tanto yo como ellos están bien. Nunca había sido necesario brindar más información.
“De seguro estarán en una gran fiesta. Tienen bastantes contactos algo… extravagantes”, pensé para tranquilizarme por su seguridad, pero otro pensamiento invadió mi mente. “Espero que estén aquí para antes del desayuno o sino… estaré a solas con ella”
Calculo que por lo menos han pasado treinta minutos desde que estoy aquí acostada. Por mucho que me convenza de querer dormir y de lo necesario que es en estos momentos, mi cerebro decide mejor ignorar todas mis recomendaciones y simplemente hacerme presa de pensamientos ansiosos.
Luego de mucho intentarlo, mis parpados fueron cayendo, sentía toda la pesadez en mi cuerpo, llegue a punto en el que no logre mantenerme por más tiempo despierta y mi cerebro decidió ceder ante el sueño.
El paso de las horas no se hizo evidente hasta que unos pocos rayos de sol se consiguieron colar por en medio de la cortina y apuntaban directamente a mi cara. Para mi suerte, o no, el mismo ventanal que hay en mi pieza, lo hay en toda la sala y quede directamente frente a él.
No conseguía abrir mis ojos completamente. Al estar tanto tiempo dormía, me acostumbre a la luz de la noche y ahora estos rayos de sol me molestaban a la vista.
El sonido de un sartén siendo colocado en la estufa capto mi atención. Pude escuchar como partían y huevo y luego otro y sobre una paila diferente echaron a cocinar lo que sería algo de tocineta, por el olor. Un desayuno que siempre se prepara en mi casa y que es la comida favorita de Anais.
“Tan temprano y ya estoy pensando en ella… esto va de mal en peor”
- Madre, ¿eres tú? –decido preguntar, todavía sonsa por el sueño y se puede sentir por el tono de mi voz.
- No soy tu madre, pero si puedo llegar a cocinar igual de rico que ella –bromeo mi mejor amiga.
La voz de Anais hizo que me reincorporara rápidamente sobre mí. Mi primer impulso fueron unos nervios que parecen estar a punto de comerme viva. Adiós tranquilidad de la mañana. Pero espera, fuera de todo eso, ¿qué horas eran?
Recordaba vagamente que antes de responderle a Oliver puse una alarma a las siete de la mañana, para levantarme antes que Anais y no me viera durmiendo sobre el mueble. Busque rápidamente mi celular debajo del cojín y en cuanto encendí la pantalla recordé que en la madrugaba lo deje en silencio para no escuchar cuando él me enviara un mensaje.
El reloj digital marca las diez de la mañana y debajo de la hora varios mensajes de Oliver. El último fue enviado hace unos veinte minutos, con un texto que dice: “Buenos días, princesa”, me temía que después de ese encuentro, Oliver llegara a querer tener algo serio, pero es un tema del cual me ocupare más tarde.
Apago de nuevo la pantalla del celular y lo tiro sobre el mueble. Me quedo de pie durante unos cuantos segundos, sobándome los ojos para ocultar mi desconcierto.
- ¿por qué no dormiste conmigo en la cama?
Su pregunta me tomo sorpresa y paso saliva muy difícilmente. “¿qué se supone que le diga en una situación como esta?”
- Te veías durmiendo tan tranquilamente que no quería despertarte si llegaba a acostarme a tu lado.
- ¿estas bromeando? -Su mirada era juguetona-. Si en cuanto llegamos de la fiesta caí rendida en tu cama. ¡Lo siento si te incomodo eso!
- No, no te preocupes, sí me tomo por sorpresa que lo hicieras, pero después de todo somos amigas.
- Ni siquiera recuerdo haberme quitado la ropa. –Ahora que decido verla directamente, tiene puesta una de mis pijamas y encima de eso, tiene el delantal que le regalo mi madre para la cocina-. No te incomode que me haya acostado en ropa interior, ¿verdad?, es una manía que tengo después de que llego de una fiesta.
Mi respiración se tranquilizaba, de cierta manera, al escucharla decir que no se acordaba el momento que decidió quitarse la ropa. De pronto tampoco se acordaría de la confesión que me hizo antes de eso y el beso que nos dimos.
“Sí. Lo que hizo fue bajo los efectos del alcohol y nada más”, pensé, “pero, ¿qué voy hacer con estos sentimientos que florecieron después de eso?”
Para cuando lo note, mi cara se enrojeció tanto que hizo preocupar a Anais.
- Espero que no te estés avergonzando por verte con tu pijama puesta –bromeo-. Sí ya me has visto hasta en ropa interior.
- No. –Una risa nerviosa se me escapaba de mí. Puedo tratarla con normalidad, después de todo, lo de anoche nunca sucedió para ella-. Es solo que he despertado con un hambre y parece que los huevos se te comenzaran a quemar dentro de poco si no les das la vuelta.
Su mirada volvió a estar centrada en la cocina, no sin antes dedicarme una sonrisa y decirme que el desayuno estaría dentro de poco.
La sala es bastante amplia, conectando directamente con la cocina y el comedor, como si todo estuviese ubicado en el mismo cuadrado. Hacia el lado derecho se encuentra mi habitación, en el medio está el baño para invitados y al otro lado está la habitación de mis padres.
No siento la presencia de nadie más, sin embargo, decido ir a revisar hasta el cuarto de mis padres, con una esperanza de que estuviesen ahí todavía durmiendo y con una gran resaca por la fiesta que tuvieron anoche, pero el dormitorio está vacío.
No llegaron anoche.
“La fiesta debió de haber estado muy buena anoche para decidir abandonar a su hija y dejarla completamente sola con su mejor amiga”
“Estaremos solas”
“Maldición”
Y como si mi inconsciente me jugara una mala jugada, de entre tantos lugares que hay vacíos en el comedor, me siento en el puesto que queda frente a ella. En cierta parte no me puedo quejar, pues esos pantalones de mi pijama hacen que sus nalgas resalten más.
“¿Cómo se vería mi mano marcadas en esa parte de su cuerpo?”
No era momento para estar teniendo pensamientos de este estilo, pero no podía evitarlo. Ahora ya no.
Cuando mi vista más concentraba estaba en su esplendorosa vista que brinda desde la parte de atrás, Anais se voltea ágilmente con los platos del desayuno. Fui demasiado evidente, pues mis ojos clavados en su zona si estaban y desde un principio no tenía la intención de despegarlos.
- ¿te gustan mis nalgas? –bromeo Anais, mientras dejaba sobre la mesa los platos del desayuno.
Pero no fui capaz de responderle ni una sola palabra. O me moría de pena o de la vergüenza y no sé cual de las dos es peor.
- Oh, vamos, dime. –Da una vuelta para quedar de nuevo de espaldas. Tenía otra vez en mi vista sus glúteos-. ¿Qué te parecen?
Y con unos cuantos movimientos de cadera fueron suficientes para que sus nalgas saltaran hacía arriba y abajo. No demore en darme cuenta que estaba realizándome un baile de twerk y vaya que lograba provocarme.
Solo cerré los ojos por un momento. Este tipo de impulsos y sentimientos los deje en el pasado ya.
- ¿y bien? –dijo mientras se daba la vuelta y sentarse frente a mí-. Hace rato que no hago ejercicio por lo que no se ven igual que antes.
- Pero… se ven igual de bien… -tartamudee-. De seguro ese baile le deben de encantar a muchos hombres.
Y no me equivocaba. Cuando hace ese baile deja a todo el mundo con la boca abierta, incluso Oliver ha quedado fascinado por sus movimientos, hasta una lesbiana cae en esa provocación.
Con mi comentario se dispuso a contarme sobre la grandiosa aventura que tuvo anoche con un chico que conoció en la discoteca y que, incluso, llegaron a intercambiar números.
- De hecho yo creo que ya me debió de haber escrito, solo que no he revisado mi celular, no sé donde lo deje.
- De seguro esta en mi bolso –declare. “¿En serio su declaración fue por los efectos del alcohol?, no pude evitar sentirme un poco decepcionada por aquello, pero sin duda era lo mejor que podía pasar”
- ¿estás bien? –pregunto rápidamente al verme cabizbaja, dejando de lado la narración con el fantástico hombre con el que estuvo anoche.
- Oh sí –mentí. Debo de hacerlo-. Es solo que… anoche me acosté con Oliver, pero sabes, no fue para nada lo que me esperaba.
- ¡¿te acostaste con Oliver?! –Parecía gritar de la emoción, pero freno en seco-. ¿a qué te refieres con que no fue lo que esperabas?
Y así paso toda nuestra mañana. Contando nuestras anécdotas de la fiesta anterior, aún con la pequeña esperanza de que Anais mencionara algo de su declaración, pero no dijo ni una sola palabra.
El día de hoy es sábado y tampoco hay mucha bulla en la ciudad, todo era muy sereno. Anais decidió regresar a su apartamento para darse una ducha y cambiarse de ropa, que por cierto, queda un piso más abajo que el mío. Tanto sábado como domingo descansa de su trabajo como mesera en uno de los restaurantes de por aquí cerca, por lo que antes de salir me dijo que hoy sería una tarde de películas.
Antes de que regresara, tome la misma decisión que ella. Una larga ducha sería la mejor distracción para todos mis pensamientos y ponerle por fin un punto final a todo lo sucedido.
Fue un baño algo largo, quise sentir cada gota que caía por mi cuerpo y cuando por fin cerré el chorro de la regadera, sentí una frescura que invadió todo en mí.
Un día caluroso, por lo que opte por unos shorts y una blusa de tiras color morado. Todavía falta bastante para que regrese Anais de su departamento, así que tenía estas horas para mí.
Solo suspiré y esta vez si fue algo que decidí por mi cuenta y no una acción de mi inconsciente. “¿Hace cuánto que guardé todo esto?”, pensé, pero en cuanto abrí la puerta de mi armario que es “prohibida”, las vi, una guitarra acústica marca Fender y una eléctrica marca Gibson. Tiempo sin ver estos instrumentos, los que sin duda me traen tantos buenos como malos recuerdos.
Se veía el polvo que guardaban con solo echarles una mirada por encima. “han llegado a pasar años”, me dije. Extendí mi brazo y tomé mi hermosa guitarra acústica. No es la primera que tuve, esa… se me llego a romper en mi primer ensayo, pero ésta si ha sido de las guitarras más preciosas que he llegado a tener.
Con un detalla fino en la madera y las cuerdas de nailon perfectamente tembladas. Sobre la tapa de la guitarra, hace muchos años atrás, Anais dibujo un mándala sobre ella, creo que eso es lo que hace que este instrumento sea tan hermoso.
El ambiente en mi cuarto es templado, de eso que puedes sentir como te mece el aire y el silencio sin ninguna especie de perturbación. El calor es algo secundario, pero los rayos de luz del sol brillaban por toda la habitación.
El primer acorde después de mucho tiempo…
La canción comenzaba con un Do menor, un acorde con cejilla; lleva un ritmo pausado, como la primavera, luego hago la transición hacía un Mi bemol, solo tomo aire para ir cogiendo el ritmo… paso hacía un sol sostenido y me devuelvo hasta un Mi bemol.
“Sigo cruzando ríos”
“Andando selvas”
“Amando el sol”
“Cada día sigo sacando espinas”
“De lo profundo del corazón”
Yo estoy llevando el ritmo, pero esa voz le pertenece a Anais, más que todo por lo desafinado que suena.
- Estas pensando en ella, ¿no es así?
Su pregunta me helo la sangre y deje de tocar la guitarra de inmediato. Mi mirada se perdía entre la inmensidad de unos recuerdos que me lastiman y mi voz divagaba por la inmensidad de un dolor.
- No… yo no…
Nunca antes había visto tan sería a Anais, evidentemente está enojada, por la forma en la que está caminando hacia mí y con un solo suspiro, nuestros labios se vuelven a encontrar…
- Ya no tienes que pensar en ella, ¡piensa en mí!