NARRA BRADEN HAWTHORNE Acerqué mucho más el papel a mi cara, tratando de concentrarme y entender lo que decía en él, sin embargo, tal y como venía pasando días atrás, no podía concentrarme. Aquel montón de letras impresas en aquel montículo de hojas eran como jeroglíficos ante mis ojos; jeroglíficos que obviamente yo no entendía. Irritado, estrellé la hoja contra el escritorio y luego pasé mi mano con violencia por toda la superficie, pareciendo una barredora que se lleva todo a su paso. No hubo nada que se salvara de mi mal humor, desde el computador, hasta un pequeño clip, todo salió volando por los aires y se desperdigó por el suelo. Algunas cosas, las de cristal, se hicieron añicos cuando chocaron contra las baldosas y contra los muebles de madera. Gruñí con furia y agaché la cabez

