NARRA LEYLA HAWTHORNE Todos ya estaban acomodados en sus asientos y guardando absoluto silencio, como el secretario de actas lo había ordenado, cuando el Juez entró a la sala y tomó asiento en su podio. Era un hombre de unos sesenta años o quizá un poco más. Serio y de facciones y mirada dura. Era bastante evidente que le gustaba que frente a él se guardase bastante respeto, que las personas le brindaran pleitesía y que se sometieran a sus ordenanzas. El secretario comenzó a hablar, luego a leer las actas; algo que me pareció un parloteo excesivo y por eso dejé que mi cabeza divagara y se desconcentrara de lo que sucedía frente a mí. Tratando de disimular y de que nadie se diera cuenta, llevé mi mirada en dirección a donde Braden se encontraba sentado; a mi costado izquierdo, del otro l

