NARRA BRADEN HAWTHORNE —No, Leyla —musité, dolido—. No puedes pedirme eso. —Braden, por favor —suplicó. Cerró los ojos y apoyó la frente en los barrotes. Sus hombros y todo su cuerpo se estremecieron por el llanto ahogado que la embargaba. Metí la otra mano por en medio de los barrotes y acaricié su mejilla con delicadeza. Ladeó el rostro y descansó su cara en mi mano, mientras lloraba en silencio. —¡Menos de un minuto! —apresuró el oficial. Lo odié en sobremanera por estar interrumpiendo aquel momento. —Lo siento, Braden. Siento todo lo que hice... Siento mucho haber sido lo peor que sucedió en tu vida y haberla arruinado de esa forma. —No, Leyla, no... Abrió sus ojos y me vio. Había una mezcla indescifrable de sentimientos en ellos; dolor, vergüenza, tribulación, pena y mucho, mu

