Muñeca

1673 Palabras

Esa noche tuve que pedir que de un restaurante nos trajeran de cenar porque Natacha estaba tan centrada en la pintura que se olvidó de sus obligaciones como criada y ni siquiera se dio cuenta de la hora, hasta que sonó el timbre y descubrió del otro lado de la puerta al motorista trayendo unas pizzas. Su vergüenza fue máxima al verme pagándolas y asustada por lo que pudiese pensar de ella, me rogó que la perdonara. ―No sentí que había pasado tanto tiempo, lo siento y comprendo que deba castigarme― balbuceó completamente sofocada. ―Tienes razón... ¡te mereces un buen correctivo! ― con tono duro y hasta siniestro, repliqué: ―Eres una desvergonzada, una insolente a la que tengo que educar... por eso, inmediatamente, ven a que te enderece. Dejando las cajas sobre la mesa, se acercó a recibi

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