Al siguiente día al volver a clases, Enzo llegó saludando a cada uno de sus compañeros como lo hacía antes de que las cosas se pusieran extrañas entre él y su, ahora, novio. Para su fortuna, todos lo saludaban con mucho gusto como si hubiera regresado al salón después de estar ausente durante un gran periodo. Al tomar su asiento vio a Bruno saludar a lo lejos a sus amigos quien respondieron con una gran sonrisa. —Buenos días —saludó Emily acercándose a Enzo para inclinarse, darle un beso en la mejilla y sentarse frente a él. —Buenos días —repitió Bruno de manera pensativa—, qué absurdo suena. — ¿Por qué? —Preguntó Enzo enarcando una ceja— Es un simple saludo. —Sí, pero está mal dicho —Bruno se cruzó de brazos mirándolo con seriedad, Enzo se dio cuenta de que los chicos a su alrededor

