Descubiertos

1435 Palabras
—¿adónde vamos? — interrogó la princesa —tenemos que regresar, tenemos que ayudar a mi padre y mi madre ¿dónde está? — Eso es imposible princesa. —respondió sir Brown sin detener la cabalgata — cómo puedes abandonar a tu rey — son órdenes de mi rey protegerla a toda costa y asegurarme de que recuperé el trono de Norbick — ¿Y cómo haré eso? Espera un momento, ¿quieres decir que me tengo que casar? — así es princesa, necesita un aliado para recuperar su reino —No me casaré y menos con alguien que no conozco —Son órdenes de su padre, y si no lo hace no podrá recuperar lo que le pertenece ―pediré ayuda a los otros reinos neutrales ―No la ayudarán princesa ― ¿Por qué no? Soy de la realeza y Norbick es muy rico, cualquiera se aliaria con cosotros ―es mujer su alteza ― ¿y eso por qué importaría? ―importa mucho su alteza, ningún reino querrá unirse aún reino sin rey —yo podría ser la reina ―lo siento mucho su alteza, pero, usted mejor que nadie sabe que la única manera de que usted se convierta en reina es contrayendo matrimonio ―Alessia guardó silencio durante el resto del trayecto mientras las lágrimas que brotaban de sus ojos eran arrebatadas por el viento que golpeaba sus mejillas. Su mundo se había venido abajo, seguramente su padre y su madre habían muerto y ahora ella tendría que vivir una vida a la que siempre se rehusó y ahora ni siquiera tenía la opción de elegir a su esposo, si quería recuperar su reino tendría que casarse con un completo desconocido. —por hoy descansaremos aquí — informó sir Brown llegando a una taberna — ¿Aquí? —cuestionó Alessia mientras sir Brown la ayudaba a bajar del caballo — ¿por qué no fuimos con lady Smill a pedir posada? —son los primeros lugares donde la buscarán princesa — ¿qué quieren de mí? —usted lo imaginará su alteza, cualquiera que se casé con usted, con o sin su consentimiento será acreedor al trono de Norbick legítimamente —pero, si ya están ahí porque no solo lo toman y me liberan de mi calvario —no pueden princesa, todos los reinos se disputan la ascensión al trono de Norbick, pero, como usted está viva no pueden hacerlo —Entonces ¿me quieren muerta? —eso no puedo asegurarlo, pero tampoco puedo negarlo su alteza real. Entremos. Queremos una habitación —exclamó sir Brown que era un hombre grande de mediana edad con una barba rubia canosa — Hola soldado —respondió una mujer joven, muy coqueta, delgada y con un gran escote — ¿vienen a divertirse? ¿No cree que ella es muy pequeña para usted? —solo deme la llave — sí, lo que usted diga —exclamó la mujer y le arrojó las llaves. La princesa miraba con desagrado el lugar, que olía a orines y vomito, por más que las mujeres ponían ramas de olor y pétalos, nada mataba el olor nauseabundo del lugar —suba princesa — ¿princesa? Que romántico fortachón — sir Brown giró los ojos y la ignoró, pero si de algo se había dado cuenta, es que no podría seguir llamando a Alessia princesa si querían seguir pasando desapercibidos. — usted dormirá en la cama — ¿Y tú dónde lo harás? —yo vigilaré la puerta — oh su alteza, lo lamento, pero no podré seguirla llamando princesa, no durante el trayecto — ¿Y cómo me llamarás? — por su nombre, si usted me lo permite — Sir Brown, dígame ¿cuántas Alessia conoce? — ¿disculpe su alteza? —sí ¿Cuántas personas o mujeres con el nombre de Alessia conoce? — solo a usted princesa —Entonces, ¿no será muy sospechoso que me llamé igual que la princesa de Norbick? — tiene razón princesa, la llamaré Freia —la princesa frunciendo el entrecejo le respondió —No mejor llámame Isobel —¿Isobel? — sí, Isobel y usted sir Brown tendrá que buscar otra vestimenta si de pasar desapercibidos se trata. ―si su alteza, enseguida vuelvo buscaré algo para vestir y le traeré algo de cenar ― Sir Brown salió de habitación, la princesa desesperada, al ver que tardaba en regresar decidido salir a buscarlo ― ¡hola! “princesa” ―exclamó la mujer al verla bajar ― ¿perdiste a tu hombre? ―el no es mi hombre ―entonces ¿Quién es? ―Alessia sabía que cualquier tipo de información que diera la pondría en peligro ―es mi padre ―oh eso lo explica, pero, ¿Qué clase de padre trae a su hija a este tipo de lugar y la deja sola? Ven conmigo ―la princesa dudo en seguirla, pero ante la insistencia de la mujer lo hizo ―siéntate ―invitó, la mujer quien la había llevado a la parte trasera de la caverna, a un pequeño cuarto con una cama y una mesita ―bienvenida a mi humilde morada ¿quieres algo de comer? ― la princesa asintió y tomó asiento ―dime niña ¿Cómo te llamas? ―Isobel ― Isobel, bonito nombre, igual que tu… ¿de dónde vienen? ― No lo sé ― ¿no lo sabes? ― No, mi padre y yo viajamos tanto que he olvidado el nombre del último lugar en el que permanecimos mas de un día ―la princesa siempre fue buena inventando historias, a su padre le encantaba oír cada relato encantador que ella le contaba, muchas veces cuando era pequeña solía decirle que ella era una diosa, que solo había venido a rencontrarse con su amor, el rey se reía ante las ocurrencias de su pequeña y le decía “eres una princesa mi amor, que es casi lo mismo” luego ponía su corona en la cabecita de ella, para luego darle muchos besos. ― ¿y por que viajan tanto? ―siguió interrogando la mujer, mientras le pasaba un plato con pan y queso ―mi padre es comerciante y por eso viajamos mucho ― ¿y tú madre? ― ella murió cuando yo nací ―a pesar de que las respuestas que la princesa daban eran creíbles, había algo que no le cuadraba a la mujer ―no pareces ser hija de un comerciante ― ¿Por qué piensa eso? ― te diré, tu ropa es de una sirviente del palacio ―se la dieron a cambio a mi padre ―tu piel es tan pálida y tersa, tu cabello ―expresó quitando la capucha de la cabeza de la princesa ―los risos son perfectos, como los de la nobleza ―le agradezco por la comida, pero, tengo que irme, mi padre debe de estar preocupado ―exclamó la princesa levantándose de la silla, aunque la mujer la detuvo ―espera ―no puedo, tengo que buscar a mi padre ―exclamó la princesa y soltándose del agarré corrió afuera de la habitación, chocando con sir Brown ― ¿princesa? ―sir Brown lo estaba buscando ― ¿Qué sucede?... Isobel ―tenemos que irnos ― ¿Por qué? ―preguntó sir Brown siguiendo a la princesa ―la mujer de la barra, ella sospecha de nosotros ―debí imaginarlo, ya se habrá corrido la noticia de su desaparición ―salgamos de aquí ― ¡No los dejen salir! ―gritó la mujer, deteniéndoles el pasó y caminando al frente de ellos ―que sucede princesa ¿no es de su agrado mi taberna? ―déjeme salir, se lo ordenó ―oh me lo ordena ―expresó burlonamente y todos comenzaron a reír ―escucharon la princesa de Norbick me ordena que la deje salir, me ordena a mí, en mi establecimiento, típico de la nobleza, siempre dando ordenes ―tranquila su alteza, quédese de tras de mi y no se separé ―ordenó sir Brown desenvainando su espada ―cree que podrá contra nosotros caballero ―No lo creo, estoy seguro ―respondió y comenzó a luchar contra ellos ―princesa, tomé el arma que está en mi cintura ―pero… yo no sé como ―tiene que hacerlo, si quiere que salgamos vivos de aquí ―Alessia tomó el arma y juntos se abrieron paso hacia la salida, corrieron y tomaron el primer caballo que encontraron ― ¡síganlos! No los dejen escapar, cuando los atrapen, a el mátenlo, pero a ella no, la necesito con vida
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