—¡Sirena! —escucho a Papi llamarme, apago la ducha. —¡Voy! —grito desde el baño. Me pongo un albornoz de toalla para salir del cuarto de baño. —Tranquila bella, lo bueno se hace esperar. —lo escucho decir, sinceramente no sé qué me da más miedo, que este de adulador o sea tan complaciente. —Ya estoy casi lista —sonrío a medias. —Ven muñequita, eres tan hermosa —me acerca a él para tomarme de la cintura. Suelta el lazo del albornoz dejándome desnuda para él—. Para mi estas perfecta. —Me besa con pasión. Su lengua invade mi boca buscando la mía para comenzar una batalla de poder, donde por supuesto el termina vencedor. —Puedo al menos vestirme —lo veo negar. —No necesitas ropa para donde te quiero llevar. —muerde mi labio inferior. —¿Cuál es la sorpresa entonces? —pregunto curiosa

