—No te vayas, quédate a dormir conmigo. – dice mientras me abraza. —No puedo —digo con un nudo en la garganta. — ¿Te vas a ver con él? – pregunta. —Si, lo voy a ver. Lo extraño. – digo. Me toma por la mandíbula haciéndome mirarlo. —Procura que nunca que vea con ese mal nacido por que juro que lo mato. —Eres un maldito – me besa a la fuerza. —Eso no dices cuando te hago gemir de placer. – vuelve a poseer mi boca con deseo. Muerde mi labio—. Esta boca es mía, sirena. —amasa mis senos—. Tu cuerpo es mío. —Porque no me dejas ir ya, si sabes que tengo novio, que no … —No, tu no vas a estar con él, si en verdad lo amas vendrás a vivir conmigo, aquí. —me toma de los brazos—. Si no quieres cargar su muerte en tu conciencia. —niego aterrada, el no le puede hacer daño a Pax. —Lo voy a

