Viviana
Cuando el jefe dejó mi habitación, aún sentía sus labios en mi mano, trataba de tomar oxígeno, me senté en una reposera, con el impacto de mi propio descubrimiento, me había prendido fuego por dentro, el deseo que sentí, me hacia querer que hubiera seguido subiendo sus besos por mi brazo hasta mis labios, este pensamiento, me abrumó y me derrumbó, necesitaba un momento para recomponerme y volver a colocar cada ladrillo en mi muro, para evitar cualquier tipo de tentación.
Era urgente darme un baño, para bajar todo el calor y poder dormir más cómoda, me agache un poco para quitarme los zapatos, estos tacos hicieron su trabajo, pero también me cansaron bastante, me llamó la atención un ruido proveniente del otro lado de mi habitación, una de las puertas del balcón estaba abierta, no eran como las de esta habitación que eran corredizas, esa puerta entreabierta era una suerte de espejo, un vidrio casi espejado que reflejaba todo lo que pasaba adentro. Dios, esto no iba a ser bueno para mí abstinencia s****l. Ahí estaba él dueño de mis futuras pesadillas, comenzó a sacarse los zapatos, le siguió la camisa, toda la ropa iba dejando prolijamente sobre una silla que estaba para ese propósito, aunque ya conocía su físico y de mucho más cerca, no dejaba de impactarme lo fibroso y firme de esos hombros, esos brazos trabajados, esos pectorales que más que apoyar la cabeza ahí, dan ganas de pasarle la lengua. Y esa espalda necesita unas marcas de uñas definitivamente. Vuelvo otra vez a controlar mi imaginación, trato de quitarme los zapatos, sin dejarlos caer al suelo, para no hacer ningún ruido y que él no se de cuenta de que lo estoy mirando, se saca el pantalón, no puede tener esas nalgas tan paradas y firmes que me dan envidia, es un maldito adonis sin lugar a dudas, me repetía una y otra vez, "no debes caer en la tentación". Por fin desapareció, supongo que se fue al baño, hice lo mismo, con suma cautela me pare y me metí dentro del baño. Una vez dentro del agua no dude en ayudarme a liberar un poco de tensión, sino esta noche no dormiría. Cuando acabe tuve que contener lo más que pude mis gemidos. Había entrado tan rápido al baño, que no había traído nada para colocarme, salí con la toalla bien amarrada al cuerpo, que apenas me tapaba las nalgas y otra envuelta en el pelo, de mi bolso saqué el primer camisón que encontré, uno de algodón, con tiras más gruesas que uno de satén, que también traje de esos pero eran muy sexis para usarlo estando sola, me quite la toalla de la cabeza, me lo coloque, mientras iba bajando la toalla del cuerpo, hasta que por fin quede cubierta, la verdad no se porque me cubrí si estaba sola, no me gustaba dormir con ropa interior, quede así, volvía al baño a dejar las tallas en un lugar designado para que se sequen y me seque un poco el pelo con el secador. Antes de acostarme, fui hasta el balcón a cerrar la puerta, ya estaba la noche mucho más frescas que desde que habíamos llegado, no quería enfermarme. Cuando llegue ahí, casi me infarto, el jefe estaba sentado en su balcón mirando al mar. Rogaba que no haya visto nada, el estaba solo con una toalla en la cintura y su pelo aún húmedo. Busque mi mejor cara de "aquí no pasa nada", aunque el cerebro me carcomía si él vio o escucho algo. Me pare segura en el medio del marco de la puerta y le hable.
-Señor, perdón Ciro, esta fresco, tenga cuidado con el clima no queremos una recaída.
Él solo me miraba, serio e impasible, pero lo que más me paralizó fue el recorrido de su mirada, sentía como bajaba por mi cuerpo, mi cuello, mis pechos, que no era necesario que yo los mire, ya sabía lo duro que se habían puesto, por lo que me dolían mis pezones, y siguió bajando su escrutinio, hasta mi entrepierna, rogaba que por la contraluz no note que no llevo nada abajo, y siguió su camino a mis piernas y mis pies enfundados en unas pantuflas que teníamos disponible en el baño, como en la hoteles. Sentí como respiraba con dificultad y como se movía su nuez de adán cuando trago saliva, debía tomar el control, entrar y cerrar la maldita puerta.
-Que descanses, buenas noches.
Me metí más rápido que un bombero, cerré la puerta tras de mi y las cortinas, con mi respiración descontrolada. Esto no podía estar pasando y menos con él. Traté de controlar mi respiración errática y me fui a la cama tratando de no pensar en nada, cosa que ni mis sueños me dejaron pasar, y desperté transpirada con el camisón en la cintura balanceándome contra una almohada en medio de las piernas, la autosatisfacción, nunca la sentí tan inútil como en este momento, seguía ahí el deseo prendido al máximo.
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Ciro
Después de mi ducha, salí en bolas como siempre y me di cuenta que me reflejaba en la puerta del balcón, me volví al baño en búsqueda de una toalla para ponerme en la cintura, soy de esas personas que me gusta dormí sin nada, pero quería salir a comprobar si del balcón de al lado se podía ver algo, jamás espere escuchar tremendo espectáculo, aunque el efecto de eco del baño, magnífico el sonido, me beneficio en gran medida, los gemidos de mi asistente, eran solo pura gloria escucharlos, pero sin dudas mejor sería provocarlos, dejo la puerta entreabierta del baño, sabía que esa cerradura a veces fallaba y esta vez fue una suerte para mi, eso me puso totalmente cachondo, mientras la escuchaba y me la imaginaba desnuda y mojada, acariciaba a mi amigo, estaba casi a punto de acabar, pero no llegué, aunque más me gustaría que ella me haga acabar con su preciosa boca. Se apago la ducha, estaba sentado en un sillón que daba la espalda al mar, al no estar corridas sus cortinas, la pude ver en toalla, rogaba que se le cayera, me sentía un acosador, pero no podía despegar mis ojos de su figura, se puso su camisón, que marcaba toda su figura, si alguien dudaba que ella no era un diez, lo confirmó y reafirmo, no es un diez, es un mil, se fue de nuevo al baño, por el ruido supuse que se debía estar secando el pelo, cosa que yo no hice, luego salió y vi que se dirigía al balcón, rápidamente me senté en la silla del frente, para ocultar mi erección y que no se de cuenta de que la estaba espiando.
No se lo que me dijo, solo podía ver como latía la vena en su cuello, tan nerviosa y excitada como yo, luego baje a su escote, esas tetas necesitaban la atención de mi boca, vi como sus pezones se apretaban contra la tela, seguí mi adoración a esa imagen sagrada y solo constaté que ahí no había ropa interior, unas piernas fuertes y marcadas, me hubiera gustado ver sus pies descalzos, pero sin dudas los besaría también. Me deseo buenas noches y cerro la puerta tras de ella y cerro las cortinas, esta noche iba a ser muy larga y dura.