Viviana
Escuchaba ruidos en la oficina de mi ahora jefe temporal, murmuraba en mi enojo.
-Justo hoy viene a tener sexo en la oficina, cuando me toca estar aquí. Espero que ese no sea su comportamiento habitual.
Tomo los últimas copias que debía adjuntar al documento de la impresora que estaba lejos del escritorio, supongo que es una estrategia para que uno se pare de su asiento y camina un poco, después de tantas horas sentada frente a la computadora y un teléfono. De camino de nuevo a mi escritorio, debo ser rápida de reflejos y darle paso a una mujer, que sale apresurada, no sé en que momento entro a la oficina. Supongo en la hora del almuerzo. Cuando casi me choca, pude observarla que estaba acalorada y agitada, se ve que el jefe ya acabó. Reí en mis adentros, de mi mal chiste.
Necesito entregarle unos papeles para que los firme, no quiero entrar a esa oficina.
Entré en un lapsus dubitativo, mientras decidía que hacer, se volvió a abrir la puerta de la oficina del jefe.
Yo, ya estaba de nuevo en mi lugar sentada, terminando de cerrar la última carpeta con informes y contratos que él debía revisar y firmar.
Se detiene a la par de mi escritorio, sin mirarme, concentrado en el celular y en unos papeles que guardaba en su maletín. Yo solo lo miraba con el rabillo del ojo, desde que lo conocía, nunca había tenido trato con él, ni siquiera un saludo formal, y esta semana, prácticamente todos los días lo veía y se comportaba igual, como si no existiera. Algo grave paso con la secretaria anterior, mi jefa solo me dijo que necesitaban a alguien de mucha confianza con el CEO Rossi, su padre don Rodolfo es un gran perfumista, había comenzado solo con dos fragancias, hoy comercializan más de 50 fragancias propias, y todas iguales de exitosas, pero no quedaron ahí y se expandieron a lo cosmetológico, que también tuvieron excelentes resultados, aunque el fuerte, sigan siendo los perfumes. Pero cuando el padre se retiro y le dio las riendas a su hijo Ciro Rossi, el dio el gran salto a conquistar nuevos mercados, ya no sólo estaban en el país y países limítrofes de Argentina, sino buscan conquistar toda América y llegar a Europa.
-Voy a una reunión -usa un tono suave, pero autoritario, no digo nada, solo hago el amague por levantarme, porque también cumplo las funciones de asistente personal, y lo lógico es que lo acompañe a sus reuniones de negocio. Pero antes que haga un nuevo movimiento me detiene-.
-Solo.
Que alivio, odio ir a escuchar como se tiran flores entre ellos y denigran a sus parejas, hablando de que hacen con las otras mujeres que tienen. Aunque a mi jefe no lo escuche pronunciar ningún comentario al respecto, usualmente trata de cambiar el tema o volver solo a los negocios, igual es molesto, tener que morderme la lengua para no decir nada de lo que pienso.
-Dejé en mi escritorio lo que tenga que firmar, y cierre la puerta. Yo volveré tarde, no es necesario que me espere. Si puede acomode mi oficina que está un desastre.
Pensé, como para que no lo esté, con toda la acción que tuvo hasta recién. Todas sus instrucciones escuchaba en un silencio sepulcral, había comprendido, que en este nuevo rol en que me pusieron, calladita me veía más bonita.
Por fin se fue, me dirigí a la oficina pero antes llevé mi kit biológico, cuando entré a la oficina, pensé que iba haber un tufo al típico olor a sexo, pero me invadió otro olor raro, como de descomposición.
Me puse el barbijo y luego guantes de látex, levante y acomode las carpetas que estaban en el suelo, organice el escritorio al gusto del jefe. Busco un aromatizador, el cual echo en toda la oficina, abrí un poco el vidrio de la ventana, para que se ventile el espacio. Una vez terminada mi labor, antes de salir me saco lo que me había puesto y con cuidado guardo los guantes en una bolsa para luego desecharlo y al barbijo/tapa boca en el otro bolsillo de mi saco. Pero antes de salir vuelvo a sentir ese extraño olor, sigo mi olfato y por fin detecto que es, cerca del ventanal, en diagonal al escritorio del jefe, a su espalda, tiene una especie de estantes, simula como una escalera, con diferentes niveles y en cada uno había macetas con plantas, los de seguridad me comentaron que hace poco lo trajeron, cuando aún estaba la otra secretaria, la del nivel más bajo de la repisa, las plantas murieron, pero la tierra está barrosa, ese olor que siento, es esa agua estancada, seguro las plantas se ahogaron. Me vuelvo a poner los guantes y trato de sacar la maseta que emana ese olor, cuando la levanto algo tira, esta trabada, vuelvo a intentarlo, algo sede, miro abajo de la maseta, esta lleno de cables, hay un pequeño botón que me recuerda a una cámara espía, pero no puede ser o si?, sigo viendo todo el tendido de cables por debajo del mueble, bien escondida hay una caja, saco fotos, para buscar luego que es. Deje la maseta en su lugar, aunque ya sabía que había roto un par de cables. Cuando vuelva, le reclamare al jefe. Por suerte nunca hice nada raro en esa oficina. Mi búsqueda en Internet fue bastante fructífera, según dice es una sistema de cámara y micrófono vigía, no tiene conexión al exterior directa, todo lo que graba queda guardado en tarjetas de memoria o discos si es más avanzada la tecnología. Era lo que pensaba, que trata de hacer este hombre? extorsionar a sus clientes o a su amante...
No podía irme, quería hablar con el jefe, no era algo para hablar por teléfono o por mensaje, espere toda la tarde, ya había adelantado todo el trabajo que tenia, lo atrasado y de toda la semana. Cuando ya no tenia más que hacer, rogando que esté hombre volviera rápido, me relaje leyendo las actualizaciones de varios de mis autores favoritos, que tenia atrasado en la biblioteca.
Por fin siento el ascensor, rogaba que sea él y que venga solo, sino otra vez esperar.
No, maldición, viene con su amigo y socio.
-Buenas tarde -me saluda cortante, hasta enojado parece por verme ahí-
Solo le asiento con la cabeza, cada vez que lo veo así, se me cierra la garganta y no sale una palabra, cuando él pasa, su amigo se acerca y me saluda amablemente.
-Buenas tardes, así da placer venir a esta oficina, no solo a ver a este ogro.
-Buenas tarde -saludo y le regalo una de mis sonrisas menos forzadas, porque realmente la ogra no soy yo-
-Puedes pasar de una vez, o vas a seguir incomodando a mi secretaria.
-¡Uh! se ve que el jefe está de malas, en seguida te veo.
Ingresa y no escucho nada, tampoco soy llamada, sigo leyendo, esperando que se desocupe pronto.