Liam.* Tomo el líquido de manera rápida por séptima vez y arrojo el vaso contra la pared, haciendo que sonría un poco y niegue llevando mis manos a mi rostro, ocultándolo entre ellas. Soy un maldito bastardo que no merece nada de lo que tiene, no quiero dinero, no quiero casas, ni autos, solo que Jay regrese, que la sonrisa que ahora posee sea para mí, pero no es así, sonríe para alguien más, es feliz y como he sido un maldito tomé la decisión de dejarlo ir. El traslado me tomó una semana, ya que traje a mis hombres día y noche pero cuando volví aquí a Canadá para ir a verlo estaba con alguien más, un chico, me molesto, me hizo querer matarlo, pero al ver su sonrisa, sus ojos todo él me dio motivos para dejarlo en paz. Se veía como lo recordaba antes, tan perfecto que no podía creerlo..

