Recostada en la cama de su abuela, Luisa se encontraba sumergida en un mar de lágrimas, su corazón apesadumbrado por la vida que le había tocado vivir. Aquella escena, aparentemente sencilla, ocultaba una tragedia más profunda de lo que parecía a simple vista. Luisa anhelaba con todo su ser, ser madre, había imaginado un futuro idílico junto a un esposo amoroso y su amado hijo. Sin embargo, ahora se veía prisionera en una imponente mansión, obligada a procrear un hijo para un hombre al que no amaba y que tampoco la correspondía. Este era el enorme sacrificio que debía hacer para poder obtener la herencia de su abuelo, un hombre que, incluso después de muerto, parecía empeñado en arruinar su vida. Luisa maldecía la crueldad de aquel "loco" que la había condenado a semejante destino. Ya p

