En la cama me encuentro haciendo el amor con Esther como si no hubiera un mañana y es que para mí no lo hay, soy tan sentimental que hasta para ser el amor me siento como en cuento de hadas ¿así o más cursi? El sudor no para de recorrer mi cuerpo, estamos tan resbaladizos que en cada envestida siento como vamos uniendo más nuestros cuerpos y se siente bastante bien. Hemos probado cada posición que se nos ocurra aun cuando siquiera se haya inventado, que importancia tiene si con ella todo se siente diferente. —¡Hay Josafat! No se cuentan los orgasmo que Esther ha tenido en este rato y por más que intentamos parar tan solo con un beso terminamos haciéndolo, no podría quedarme pero a este punto creo una más y no podré caminar y no por incapacidad sino por lo adolorido que estará mi cuerpo

