Tan pronto como Bastian detuvo el auto frente a la entrada de la hermosa casa en la que llevaba viviendo y albergando ilusiones por cuatro meses Grecia salió disparada hacia el interior corriendo por las escaleras hasta llegar a la habitación escuchando los pasos apurados de Bastian detrás de ella En su cabeza se repetía una y otra vez la palabras que aquella mujer le había dicho en el baño de la casa de sus suegros “Soy la esposa de Bastian” habia dicho esa mujer con tanta convicción que sus siguientes palabras dicha con tal seguridad la descolocaron “Es mi marido y pronto tomare lo que es mio” ¿Estaban separados? ¿Planeaban volver? Era obvio que un mal tercio entre los dos —¿Podrías pedirme un taxi? No tengo nada que hacer aquí —Grecia saco fuerzas de donde no tenía para decir

