Capítulo veinte

2636 Palabras
Ryalville, anochecer 26 de octubre de 2014 Luke Hamilton   Honestamente, me importa muy poco lo que hagas con tu vida, pero sí me importa Rachel, ella es la persona más importante en mi vida. Es mi mejor amiga y quiero lo mejor para ella. Ha pasado por mucho y te conozco Luke. Tú no quieres a Rachel, simplemente te parece interesante, sólo quieres acercarte porque te escucha y te entiende. Te gusta la atención de ella, no lo que ella es. Y eres la peor persona que puede existir en el mundo, si te interesa en verdad como dices, deberías alejarte de ella. La harás sufrir, y ella ya tiene suficientes problemas.   - No sabes lo que dices - respondí pretendiendo que sus palabras no me dolieron.   - Sé muy bien lo que digo, y por eso esperé a decirlo cuando estemos solo los dos, si quieres golpéame, humíllame, no me importa, pero con Rachel no te metas. Es cierto que ambos han pasado por situaciones fuertes, no es sorpresa, pero la diferencia entre ustedes es que Rachel intenta ser mejor, no importa lo destruida que se encuentre, siempre halla la manera de sonreír y busca el bien de todos, mientras que tú te encargas de hundir a los demás, quieres que todos seamos infelices porque tú lo eres.   - Cállate - le pedí.   - ¿Me estoy equivocando acaso? - inquirió - Y si te acercas a ella la vas a contaminar, como la fruta podrida que eres.   Lo único certero en la vida, es que nada es para siempre, todo lo que te rodea tiene fecha de expiración, vivimos en una época en la que el destino es incierto y el futuro cada vez se encuentra más lejos, al menos es en mi caso, mi vida se ha convertido en un barco a la deriva, el cual se hundirá en el momento menos esperado. Y es que cuando tenía la impresión de que las cosas nos podían empeorar, la vida hallaba una nueva forma de sorprenderme y demostrarme lo equivocado que estaba. Siempre puede ser peor.   No había droga capaz de hacerme olvidar las palabras de Matt, en especial los días en los que Rachel y yo peleamos, como hoy. Era increíble la facilidad con la que cualquier posee todo el potencial para  convertirse en una discusión. Finalmente, se estaban cumpliendo las palabras del idiota, no importaba cuanto intentara evitarlo, parecía que mi destino era lastimarla.   Rachel no lo admitía, pero cambiaba sus planes por mí, dejaba a sus amigos en un segundo plano, inclusive, aquellas proyecciones de su futuro eran cada vez menos parecidas a sus sueños. No sé si es el efecto que Ryalville ocasiona en los demás, o si simplemente era yo el que la estancaba, el punto es que aquella muchacha soñadora y excéntrica que conocí no era ni siquiera la sombra de la pelirroja que me acompaña hoy.   Y eso no era lo peor de todo, sino que no hacía nada para ayudarla. Se estaba hundiendo en la mediocridad de este pueblo, al punto de cambiar sus planes, y toda su vida para continuar aquí. Mi orgullo, o mi estupidez no me permitían ver que yo la estaba cambiando. Y preferí buscar a culpables ajenos al problema.   Los más vulnerables son los que sufren más.   Los patos.   Rachel los trata como si fueran humanos, es tan irritante como su vida entera parece girar en torno de esos torpes y asquerosos animales. Es tan ridícula que me enerva. Ayer tuvimos una gran pelea precisamente por los repentinos cambios que sus planes han sufrido. Todo era tan ambivalente cuando se trataba de ella: o la amaba o la odiaba, eso me asustaba porque no quería odiarla, y mucho menos hacerle daño, sin embargo, sabía que tarde o temprano lo haría.   Un gran defecto que tengo es lo impulsivo que puedo llegar a ser, en especial cuando estoy enojado, una parte de mí deseaba tanto lastimar a Rachel, que no me importaba nada más en ese momento, era mi señal para alejarme de ella, antes de hacer algo de lo que pueda arrepentirme luego.   Aquella noche hubo una gran fiesta en casa de mi amigo Patrick, pero Rachel no quiso acompañarme, prefirió quedarse con su gran Matt y sus estúpidos patos. Estaba tan ebrio…   Ingerí tantas mierdas, que lograron borrar cualquier evidencia de mi mente sobre aquella noche, apenas pude tener algunos pequeños flashbacks que me atormentaban… Recuerdo que Carly vino, y me preguntó por Rachel, quise cambiar de tema… y entonces ella se dio cuenta de que no me encontraba bien… No es excusa, por supuesto que no, pero Rachel me había abandonado de alguna forma, y nuevamente me sentía solo… Y por unos segundos, volví a sentirme querido con Carly, no me importaba ella, sólo quería su atención, nada más. Mis labios se unieron a los suyos con desesperación, y eso fue todo…   Al menos todo lo que recuerdo, pues ahora estaba junto a ella, en una de las habitaciones de la casa de Patrick. Me maldije mil veces en mi mente, no sólo había engañado a Rachel, sino que lo hice con su mejor amiga, ¿tan nocivo podía llegar a ser? Ni siquiera recuerdo la razón por la que discutí con ella.   - ¿Estás despierto desde hace mucho? - preguntó Carly abriendo sus ojos.   - No realmente - respondí sin mirarla - Está de más decir que esto fue un error, ¿verdad? Esto nunca ocurrió, y menos para Rachel.   - Creí que habían terminado - murmuró.   - Peleamos, es diferente - corregí mientras me terminaba de vestir - a ninguno de los dos nos conviene que se sepa lo que pasó anoche. ¿Es un secreto?   - Es un secreto - repitió sin mucha convicción.   Estaba tan frustrado… ¿Cómo fue que terminé acostándome con su mejor amiga? ¿Lo hice porque estaba enojado y fue la forma que hallé para vengarme? Sí. Eso era lo más triste de todo. Ella jamás me lastimaría de esta forma, Rachel es perfecta, con una nueva visión más conformista del mundo, pero no es destructiva como yo. Admiraba los planes que tenía sobre su futuro, esforzarse por obtener promedios regulares o buenos, destacar entre los demás para ser admitida en una buena universidad y poder irse de aquí.   Habíamos hablado sobre irnos juntos para cumplir nuestros sueños en algún lugar donde nadie nos conociera.   Y acababa de arruinar esos planes, así como siempre lo hago. No importa cuánto lo intente, el destino no cambia.   Soy una bomba de tiempo, y destruyo todo lo que está a mi paso.   “Vas a hacerle daño, eso es lo único que sabes, Luke”. Sus palabras resonaban en mi cabeza una y otra vez, interfieren con cualquier otro pensamiento, bloqueando la parte racional de mi mente, solo una idea era segura: no causaría más daños a Rachel, voy a ayudarla a que vuelva a ser la chica soñadora con grandes planes.   En parte creo entenderla, parte de sus ambiciosas ideas de irse estaban relacionadas a la pésima relación que tiene con su familia, es lógico que a la primera oportunidad que tenga busque escapar lo más lejos que pueda, sin embargo, ha logrado sentirse cómoda aquí, tiene un grupo de amigos, una vida relativamente estable, a mí.   Se está estancado tras tener la oportunidad de alcanzar aquella paz que jamás pensó que podría. Porque está cerca de lo que creyó que no era posible.   Por esos malditos patos.   ¿Tan jodida y disfuncional era su familia como para que prefiera pasar el tiempo con unos horribles y ruidosos patos? De tan solo imaginarlos me dan arcadas. Rachel se está dejando encadenar aquí. Y no permitiré que sea una chica ordinaria.   Hice lo que tenía que hacer. Sin remordimiento.   ... Ryalville Ese mismo día, un poco más tarde Anochecer   Durante el verano mis tíos aprovecharon en construir una cabaña en el jardín trasero de la casa, con la excusa de que era hora que tuviera más independencia, aunque la verdad es que se quieren deshacer de mí, y una buena forma de mantener distancia es precisamente así, creando dos casas en un mismo terreno.   Y no mentiré, suena horrible, pero esta cabaña es lo mejor, es lo suficientemente amplia para traer a mis amigos, a Rachel y pasar un buen rato juntos.   Al menos lo era.   La puerta sonaba con desesperación una y otra vez. Golpeaban sin parar hasta que abrí enojado ante los ruidos. Rachel entró furiosa a la cabaña, sin siquiera emitir palabra alguna.   - ¿Dónde están? - preguntó alzando la voz.   - Primero que nada, buenas noches, ¿acaso no te enseñaron modales? - saludé sin tomarle importancia a sus quejas y evidente molestia.   - Déjate de tonterías y dime dónde los tienes - demanda mirando con atención todo lo que rodea a mi cabaña.   - ¿Dónde tengo qué? Rachel, pareces una loca - respondí enarcando una ceja.   - Sabes perfectamente de lo que estoy hablando, Luke, ¿dónde están Ducky y Mitch? - volvió a preguntar.   - ¿Quiénes? - pretendí no saber.   - Mis jodidos patos - gritó - ¿Dónde están?   - Si tú no tienes idea, yo menos, Rach, no pretendo ser grosero, pero tengo mejores cosas en las que pensar en lugar de preocuparme por tus aburridos y estúpidos patos, ¿los perdiste? - mentí esperando que pudiésemos dejar ese tonto tema.   - Deja de mentir, Luke, mamá me dijo que fuiste a buscarme a casa y me esperaste en el jardín durante un buen rato. Y misteriosamente, mis patitos desaparecen, por favor, dime dónde están - volvió a pedir.   - Están bien - respondí buscando un cigarro entre mis bolsillos - No tienes que preocuparte, Ray Ray,  los liberé.   - ¿Qué? ¿Por qué hiciste eso? - dijo sin expresión alguna en su rostro.   - Oh vamos, Ray Ray, no es para tanto, son animales silvestres, estarán mejor libres en el campo, yendo al lugar al que sus patas puedan llevarlos, que en tu casa intentando ser domesticados - comenté esperando que mis palabras la calmaran. Lamentablemente, la suerte no estaba de mi lado.   - Están acostumbrados a la casa, por algo los estaba criando, no sobrevivirán fuera por mucho. Eres un idiota Luke, ¿Por qué lo hiciste? ¿Para castigarme? - cuestionó elevando la voz nuevamente.   -  No te queda el papel de víctima, amor, fue lo mejor que pude hacer, tal vez ahora no lo ves Rachel, pero acabo de cortar la cadena que te tenía anclada aquí - expliqué con paciencia, es una chica lista, seguramente lo terminará entendiendo tarde o temprano.   - No tenías ningún derecho - dijo furiosa mientras golpeaba mi pecho con sus puños - puede que no lo entiendas, pero esos estúpidos patos, como tú les dices, eran mi jodida vida. Me mantienen cuerda y me distraen de todo. Acabas de arruinarlo todo, Luke - exclamó jalando su cabello.   - ¿Por tus jodidos patos? Conseguiré otros y listo - bufé negando con la cabeza ante el gran drama que estaba haciendo por sus malditos patos.   - ¡No todo se arregla así! - gritó desesperada - ¿Es que acaso no lo ves? Te odio.   - ¿Terminaste tu berrinche? - pregunté poniendo mis ojos en blanco.   - No... Terminamos, tú y yo - musitó lo suficientemente alto para ser escuchado.   - No estás hablando en serio... ¿Por los patos de mierda estás terminando conmigo? - dije sin poder comprender lo que acababa de confirmar.   - Los patos no tienen nada que ver en mi decisión - gritó derramando un par de lágrimas, ahí fue que supe que todo se había ido al diablo, Rachel no es de las chicas que lloran ante cada problema, es más, es de las que reprimen sus emociones y fingen estar bien hasta que no pueden más, y cuando finalmente lloran, explotan.   -Ray, cálmate - susurré mientras me acercaba a ella, dispuesto a abrazarla, que pudiera sentir que estaba a su lado para ayudarla en todo, pero levantó su mano en señal de protesta, armando  una barrera entre nosotros.   - Estoy tan casada, Luke. Estoy harta. No puedo más, es agotador pretender que todo está bien, cuando evidentemente no lo está. Y no lo está desde hace mucho - continuó hablando a medida que secaba las lágrimas que caían de su rostro - No se trata de los patos, se trata de que no respetas mi opinión, ni mis gustos, ni nada sobre mí. Para ti simplemente soy esa mochila de seguridad emocional que te brinda soporte cuando estás mal, pero ¿quién cuida de mí cuando ya no puedo seguir? ¿Tú?   - ¿"Mochila de seguridad emocional"? Ni siquiera son tus palabras, debe ser algún discurso que aprendiste de memoria de Matt - señalé con una merecida molestia, estoy harto que su amigo interfiera en nuestra relación para todo. Siempre intentando poner a Rachel en mi contra, o queriendo desesperadamente que abra los ojos y se dé cuenta de la mierda de persona que soy.   - ¿Y si así fuera qué? No deja de ser verdad... Luke, tú no me amas como yo te amo - continuó hablando con la voz quebrada - para ti solo soy una opción cuando tú eres mi jodido mundo...   -Eso no es cierto - negué de inmediato.   - Por favor, deja de mentir, ya no me hagas más daño. Los dos nos estamos lastimando mucho. Es lo mejor para todos Luke. Quería hablar contigo sobre otras cosas... E intentar reconciliarnos, pero me has demostrado que no vale la pena - dijo con aparente resignación, sin dejar de mirarme en ningún momento.   Mi respiración se detuvo mientras que la habitación parecía hacerse cada vez más pequeña, me sentía tan mareado, pero no quería que ella se diera cuenta de mi estado. Me estaba rompiendo el corazón.   ¿Cómo se atrevía a decir que no la amo? Por supuesto que lo hago, es lo más preciado que tengo, sin embargo, entendí que no la amaba de la manera en la que lo necesitaba. Rachel solía consolarse a sí misma porque sabía que debía estar siempre bien para mi, para lidiar con mis problemas y conflictos. Ella tuvo claro que no tenía las fuerzas suficientes para cuidarla o defenderla. Y había llegado a su límite. La empujé a eso. Yo y sólo yo.   No sé lo que dolió más, si verla partir, o darme cuenta que su verdadera cadena no eran aquellos patos, sino yo.   A partir de esa noche mi vida ha ido como si se tratara de una espiral de mal en peor. Toqué fondo a lo grande, desde que supe que ingresé a Yale nada tenía realmente sentido, ni siquiera sabía exactamente cómo había podido ingresar a una universidad tan exigente, pero me sentía tan… vacío que no podía procesarlo, así que contaba los días para irme de este pueblo de mierda, solo eso. Y nadie sabría sobre mí nunca más.   Que se joda Rachel.   Odiaba todo, no toleraba ver que mientras yo estaba cada vez peor, ella parecía recuperar el brillo en su mirada, y su vida marchaba de lo mejor. Era como si finalmente, la fruta buena se estaba sanando después de alejarse de la fruta podrida. Recuerdo cuanta rabia invadió mi cuerpo al verla junto a Matt en la graduación, tantas noches planeamos este día y lo que sería el resto de nuestras vidas, para que termine yendo con ese idiota, y yo tuviese que convencer a Carly, con la esperanza de despertar celos en ella.   Qué idiota he sido.   Cometí tantos errores.   Demasiados.   Algunos imperdonables.   Que me siguen hasta el día de hoy. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR