NARRADOR OMNISCIENTE El reloj del despacho marcaba casi las nueve de la mañana, pero Alexandros llevaba despierto desde mucho antes, su rutina era la misma desde hace un tiempo, café cargado, la mesa cubierta de papeles, carpetas alineadas con precisión y, sobre todo, esa obsesión de revisar una y otra vez los mismos documentos. No dejaba que nadie más los tocara, ni secretarios, ni asistentes, cada anotación debía salir de su propia mano, como si confiar en alguien más significara poner en riesgo todo, pasaba las horas entre firmas antiguas, balances que al fin parecían no cuadrar, y contratos que guardaba bajo llave apenas terminaba de revisarlos, lo curioso era que nadie podía descifrar del todo su objetivo, ni siquiera sus hombres más cercanos se atrevían a preguntar, solo lo observ

