NARRADOR OMNISCIENTE El despacho de Alexandros estaba impecable, tal como siempre, Melina rosaba con las llemas de sus dedos la superficie del escritorio mientras avanzaba, la tenue luz de la lámpara sobre él, iluminaba apenas los bordes dorados de algunos marcos, los papeles ordenados con meticulosidad y el sillón de cuero que ocupaba el centro del poder, de pie, con una copa de vino en la mano, recorría el lugar como si fuera suyo. Tocaba también con la punta de los dedos el lomo de los libros alineados en la estantería, acariciaba la superficie pulida del escritorio, miraba su reflejo en los ventanales que dejaban ver la noche llegar, había una sonrisa torcida en su rostro. -¿Ya está hecho?- dijo con calma, sin apartar la vista de su reflejo, detrás de ella, la silueta de un hombre p

