POV ALEXANDROS La mañana después del ataque llegó más gris de lo habitual pero no era por el cielo, era yo, había dormido apenas un par de horas, lo suficiente para mantenerme lúcido, pero no lo suficiente para callar las voces en mi cabeza. Firmé el último documento y lo empujé hacia el borde del escritorio, el hombre que esperaba frente a mí lo tomó sin hacer preguntas, como debía ser, la discreción era más valiosa que la lealtad en esta ciudad, y yo me aseguraba de comprar ambas. -Quiero que los vehículos cambien de ruta cada dos días- ordené, encendiendo un cigarrillo que ni siquiera tenía intención de fumar -Nada de rutinas, quien nos atacó ayer sabe observar, y no pienso regalarle otra oportunidad- El hombre asintió y salió en silencio, me quedé solo, contemplando el humo que se

