4. Mis razones

1468 Palabras
POV IASON (Desde el día que dejó a Theo) La primera vez que pensé en irme fue cuando la vi quedarse dormida, estaba de verdad aterrado.. pero no lo hice, algo me impidió irme en ese momento.. y ahora.. con su cabello desordenado, una pierna fuera de la sábana, su espalda desnuda todavía con la forma de mis manos, es tan perfecta porque no le costaba mostrarse tal como es conmigo y eso era justo lo que me jodía, me vestí en silencio, no porque tuviera miedo de despertarla, sino porque si lo hacía, no me iba a ir y yo ya sabía que no podía quedarme, no porque no quisiera, sino porque no me iban a dejar, mi padre había llamado la noche anterior, breve, directo como siempre, no preguntó qué estaba haciendo, no preguntó si me importaba, solo me dio una orden y detrás de esa orden… lo que siempre había.. consecuencias, las que no se dicen, pero uno conoce y sí, conocía a mi padre, sabía de lo que era capaz, no de gritar más bien de desaparecer cosas, personas, historias, así que me fui, como un id¡ota, como un cobarde, quizá, pero también como alguien que entendió demasiado tarde que hay cosas que uno no toca si no está dispuesto a quemarse vivo ¿Y lo peor? no me despedí, no le agradecí por haberme hecho sentir vivo por una puta vez en mi miserable vida, nada.. como todo un pendejo.. pero no me fui sin dejarle una nota, le dije que para mi fue real, solo eso pude hacer... Porque si la hubiera visto despertar, con esa voz medio ronca que tenía en las mañanas y esa forma suya de fruncir el ceño cuando algo no le gustaba... Me habría quedado y entonces no solo nos habría arrastrado conmigo, nos habrían destruido a los dos y yo no sé cómo cargar con eso. Después de eso, me fui un tiempo, trabajé con mi tío en Londres, me mantuve ocupado, me acosté con otras mujeres, ninguna se parecía a ella, eso me convenía, no volví a buscarla pero no hubo un solo día en el que no pensara en ella, no solo como se piensa en alguien que se extraña… sino también como se piensa en algo que se dejó incompleto, y que ahora pesa, a veces creo que si me la cruzara de nuevo no sabría qué decirle o peor… sí sabría, pero ella ya no querría escucharlo y no la culpo... Así pasaron tres años.. Me enteré de la muerte de Daphne Laskaris en una reunión aburrida, con cinco idiotas en corbata hablando sobre propiedades que no me interesaban, uno de ellos lo dijo como quien comenta el clima -¿Supieron lo de Daphne? Un accidente, una lástima, aunque a esa familia le sobran enemigos- Así.. seco, como si estuvieran hablando de otra ejecutiva más en la lista negra del poder, yo no dije nada, solo tragué saliva y me serví más agua, aunque no tenía sed, pero por dentro, el estómago se me apretó, no por ella exactamente, sino por lo que eso significaba. No supe si Theo ya lo sabía, no quise imaginar cómo se habría enterado, la vi en mi cabeza, sola en esa casa gigante, escuchando el teléfono sonar o leyendo un mensaje sin aire, salí de la reunión en cuanto pude, me encerré en la oficina, no encendí la luz, no llamé a nadie, solo me senté y pensé.. porque algo no me cuadraba. Daphne no era una mujer fácil de aplastar.. controlaba todo, no se arriesgaba por nada que no pudiera medir -¿Un accidente de coche en la carretera a Glyfada? ¿Sola? ¿Sin freno?- No, no lo creía, podía parecer una muerte común, pero el mundo donde nos criamos no tiene muertes comunes, tiene mensajes disfrazados de accidentes -¿Y si a ella la callaron…?- Entonces alguien tenía miedo de que hablara y si alguien tenía miedo, era porque había más por descubrir, me tenté con buscar a Theo, de verdad, me ardían las manos por marcarle, solo para oír su voz, saber si respiraba, si estaba bien, odiaba imaginar que estaba sufriendo, pero no lo hice, porque si alguien había querido callar a su madre, también podían querer callarla a ella y si yo me acercaba ahora, la iba a marcar, la iba a poner en la mira... no entiendo por que pensaba eso, pero algo en mi interior me dijo que no la buscara, así que me quedé quieto, por fuera, pero por dentro, empecé a mover piezas, llamé a un viejo contacto en la policía portuaria, pedí el informe del accidente, pedí copias del seguro, detalles del coche, nombres y aunque no encontré nada concluyente, sí encontré algo que no estaba, las cámaras de la autopista, no tenían registro del coche antes del impacto, eso era raro y en nuestro mundo, lo raro casi nunca es un error, es decisión, no llamé a mi padre, no mencioné el tema con nadie, guardé todo para mí y esa noche, dormí mal... Otra vez la soñé.. -"mi Theo"- la soñé mirándome como la última vez que la vi con los ojos abiertos, sin saber que ya me había ido y al despertar, solo pensé en una cosa, si alguien se atrevió a matar a Daphne y si Theo lo descubre.. yo tengo que llegar antes, porque si ella se mete en esto sola, la pierdo y esta vez no pienso dejarla sola. NARRADOR OMNISCIENTE Santorini – Último día Que no fue un accidente, eso fue lo único que Mihalis dijo, nada más, ni una palabra de más sobre el tema, lo soltó sin tono dramático, sin buscar su reacción, Theo lo miró desde el borde de la mesa, la taza de café entre las manos, los pies descalzos, el pelo recogido con una liga vieja, siempre lo llevaba de ese modo, llevaba días vestida así, con ropa suelta y sin maquillaje, nadie la reconocería como la Laskaris de Atenas y le gustaba. -¿Qué sabes?- preguntó. Mihalis se encogió de hombros. Tenía las manos manchadas de tierra y el gesto cansado de alguien que ya ha vivido demasiado. -Nada que pueda probar, pero sé cómo conducía tu madre y sé cuándo algo huele mal- Theo no respondió no hacía falta, se quedó sentada un rato más, luego subió al cuarto y abrió la maleta, guardó lo justo, ropa, papeles, su libreta y la caja. La misma caja que no había abierto desde hacía años, de madera clara, pequeña, por fuera no decía nada, por dentro, había una hoja doblada, una nota escrita a mano.. la nota de Iason. No la leía, solo la miraba, a veces, como si el simple hecho de tenerla fuera suficiente, como si leerla otra vez la fuera a romper, la guardó con cuidado, entre dos camisetas y bajó las escaleras con la decisión ya hecha. -Me voy mañana- le dijo a Mihalis sin rodeos. -¿Y qué vas a hacer allá?- quiso saber su tío -Lo que me toca, ya estuvo bueno de huir- afirmó ella -¿Estás lista?- le preguntó -No, pero igual voy- sentenció... Atenas – Mismo día, al otro lado de la ciudad Iason bajó del ferry sin prisa, no tenía equipaje, solo una mochila con un par de cosas, había estado años fuera, dicen que en Londres, otros dicen que en Salónica a él no le interesa aclarar nada, volvió porque algo dentro no le dio más opción, a pesar de la negativa de su madre, porque si algo le pasaba a Theo, no quería enterarse por terceros, no pensaba buscarla, solo estar cerca, lo justo para ver si la ciudad seguía respirando o si ya la habían convertido en campo minado, sacó el móvil, vio un mensaje de un número desconocido. “Volverá a Atenas.” No decía nombre, no hacía falta, se refería a ella, Iason lo borró de inmediato y siguió caminando. Atenas – Al día siguiente Theo llegó al departamento sola, las paredes seguían iguales, las plantas medio muertas, el polvo donde no debería haberlo y sin embargo, todo olía a regreso, no tardó en ir a la oficina de su madre, no para buscar respuestas, sino para recuperar el control y sin querer, ese mismo día, al cruzar la calle cerca del puerto... Iason también estaba ahí. No la vio y ella no lo vio a él, pero caminaron a metros de distancia y por una fracción de segundo, ambos sintieron algo familiar, como si el aire supiera algo que ellos aún no, habían pasado 8 años desde que estuvieron juntos, ella ahora tenía 29.. el 31 y sentían como si hubiera sido ayer cuando se entregaron uno al otro...
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