CAPÍTULO 18 C uando Verónica se despertó el día había amanecido hacía rato. Perezosamente, se dirigió a la ducha. Como el móvil estaba en la habitación no había razón para preocuparse por una posible entrada repentina de nuevo. Así que pudo disfrutar tranquilamente del agua que caía sobre su cuerpo refrescándolo. Esa noche había dormido bien, sin pesadillas, y esperaba seguir así. No tenía sentido ponerse neurótica, no estaba en su mano resolver la situación. Necesitaba estar bien para que pudieran acabar con aquella pesadilla sin mayores consecuencias. Bañada, Verónica se vistió de manera informal como siempre lo hacía cuando estaba en casa. Con una camiseta de tirantes de algodón verde y unos pantalones cortos vaqueros blancos. Tras mirarse en el espejo, y quedar satisfecha con lo qu

