CAPÍTULO 28 V erónica condujo por la ciudad durante unos treinta minutos sin saber exactamente adónde quería ir. Nada le parecía suficientemente bueno. Aquel día debería haber vuelto al trabajo, pero creía que podía descansar sin sentirse perturbada, ése era uno de los errores que había cometido en aquellos días. Algo le enviaba señales que ella insistía en que no podía ver ni oír, pero cada vez era más difícil de ignorar. Trastornada y en un intento de evadirse de sus pensamientos, Verónica fue a la empresa a hacer una visita. Todos la recibieron con sonrisas y bienvenidas sin imaginar siquiera lo que estaba pasando por la vida y la mente de Verónica. El secuestro de su padre se había resuelto en secreto y poca gente lo sabía, lo cual era muy satisfactorio, porque ella no soportaba oír

