CAPÍTULO 30 E l viaje a Recife transcurrió sin contratiempos y aún no había señales de nerviosismo. Sin embargo, cuando el avión perdió altitud indicando que estaba llegando, el corazón de Verónica empezó a mostrar signos de angustia y miedo. No sabía cómo la recibiría él. Y si entendería lo que le había pasado. No había sido fácil para Verónica permitir que ese sentimiento aflorara en su pecho. Había mucha química entre ellos, pero hasta el día anterior no pudo estar segura. Cuando llegó al aeropuerto, Verónica vio la gran montaña que había al lado y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Aquel montón de rocas era muy parecido a la montaña de la playa de la isla. De hecho, todo allí le recordaba a la isla y a ambos amándose bajo el cielo. Durante su regreso a casa apenas había reparado en
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